sábado, 5 de febrero de 2011

ASIGNATURA OPTATIVA

ASIGNATURA OPTATIVA

Son 9 meses, día arriba día abajo, los que os llevamos dentro, y ya desde el principio os queremos. Nacéis a la vida llorando, resbaladizos, y al abrazaros sentimos algo tan fuerte, tan mágico, que quisiéramos que el reloj se parase en ese instante, porque nunca volveremos a estar tan unidos como en ese momento.
Todas las noches sin dormir, los días agotadores de cambios de pañal, papillas y biberones a horas intempestivas, los llantos sin motivo que nos remueven por dentro de impotencia y de miedo, la inseguridad que nos produce el futuro…, todas las emociones, los miedos, las satisfacciones, el cansancio físico y mental que a veces producís  siendo seres tan pequeños , todo esto, en fin, es la maternidad.
Somos madres, la palabra más grande que existe en el diccionario, el oficio y la asignatura más difícil, sin estudios previos ni titulación, sin libro de instrucciones, así de sopetón empezamos a ejercer una vez que asomáis vuestra cabecita al exterior.
¿Y luego qué? Pues más de lo mismo, pero multiplicado por vuestros dientes de leche, vuestras primeras palabras, ese “mama” que te llega al alma, esos primeros pasos que dan con vuestro trasero en tierra, la guardería, los cumpleaños llenos de globos y fotos con los abuelos, que os preparan para la vida, que os hace llevar una L en vuestro corazón de aprendices de mayores, la letra que no os quitaréis nunca de la espalda, porque ni aunque un día lleguéis a hablar, como lo hago yo ahora, a vuestros futuros hijos, llegaréis a graduaros en esto tan complicado que es la existencia, a la que un día nacemos asombrados y que no termina nunca de sorprendernos.
Así que hoy me aferro a vosotros, a los recuerdos vividos y a los momentos que vamos  disfrutando , y pido que no cambiéis, que sigáis siendo mis niños, que no me separe nadie de vosotros como aquel día en que cortaron de un tijeretazo el cordón que nos unía.
Soy vuestra madre, e intento sacar buena nota como tal, a fuerza de aprender,
suspender y recuperar, esperando que algún día, en un futuro, me concedáis “Matrícula de Honor”.
Os quiero. Mamá.
ASIGNATURA: MADRE
CALIFICACIÓN: P. A. (PROGRESA ADECUADAMENTE).

Con patatas

…CON PATATAS
Llegas a una edad en la que no te apetece “comer mierda” (con perdón). Esto es lo que resume mi estado actual, y al decírselo esta mañana a una conocida que me ha preguntado cómo me iban las cosas, es cuando me he dado cuenta de la realidad.
Cuando tienes 20 años, te comes el mundo con patatas, y todo te viene bien, el hambre provee de buenas tragaderas. Al llegar a los 30, el apetito empieza a decaer, y te empiezas a cuestionar si todo lo que aguantas será bueno para tu estómago, pero sigues teniendo ganas de estar ahí, y sigues engullendo. Llegas a los 40, y te das cuenta que mucho por lo que has pasado no te ha hecho nada bien, pues tu salud física y mental se ha debilitado y están empezando a aparecer en tu conciencia unos temidos  michelines que antes no veías.
Entonces llega el momento en que te presentan la carta en el restaurante de la vida, en tu trabajo, y al pedir una mejor guarnición, la que viene en el menú anunciado y no las consabidas patatas,( que te están dando aspecto de escarabajo), el maître te dice educadamente que no, tú no tienes derecho a ningún otro acompañamiento, o te comes el plato con patatas o vete a otro comedor.
Te vas, decepcionado del trato recibido después de tantos años de asiduo visitante, y aquel maître que te negó tu guarnición, se encarga de decir a todos los comensales que preguntan por ti (te echan de menos en la mesa que has ocupado durante ocho años) que ya no quieres comer allí, o que estás enfermo y ya no vas a volver al restaurante.
Y saben una cosa, he pasado unos meses malos, con mucho apetito, con ansiedad por no poder acceder a aquel plato servido con patatas, pero cada vez me estoy dando cuenta de que necesito mucho menos la comida que antes. Hay cosas en este mundo que me pueden llenar mucho más que un trabajo, como la sonrisa de mi hija, su necesidad continua de atención, esa atención que le he negado durante casi cuatro años por haber estado fuera de su vida, en suma, vivir su vida y ayudarla a vivir, que no es trabajo fácil para nadie. Las patatas ahora me las como en casa, alguna vez que otra, cocinadas de diversas formas, y aunque nadie me paga por ellas, a mí me sientan mejor que aquellas otras.
Espero que aquel maître encuentre pronto otro comensal tan fiel como yo lo fui, pero también deseo que acabe la necesidad de comer de tanta gente, para que cuando nos ofrezcan un triste filete a cambio de nuestro dinero, les exijamos una guarnición decente, que como dije al principio de este texto culinario, ya está bien de comer bazofia al precio de comida de autor, ya está bien de tanto engaño y tanto robo por parte de empresarios sin escrúpulos, ya está bien de escudarse en crisis y zarandajas, el que roba cuando gana  roba el doble cuando gana  menos.
Y aquí estoy, delante del teclado, pensando al mismo tiempo en qué voy a preparar para comer, porque siempre me ocurre lo mismo, después de despotricar, tengo un apetito feroz. ¿A ustedes no les pasa?.
Mira, tanto hablar de ellas… hace tiempo que no preparo unas patatitas con costilla y pollo, y no es por tirarme flores, bueno, sí, para qué vamos a engañarnos, pues eso, que me salen riquísimas, ¡qué narices!.
¡BUEN PROVECHO!
Mª del Carmen Germán Máximo