jueves, 28 de abril de 2011

LA FUERZA DEL DESTINO?

Hoy he vuelto a llorar, y lo he hecho de alegría.
Un amigo mío, que llegó en su día a formar parte importante en mi vida junto a su mujer, está en una UCI, adonde le ha llevado un infarto cerebral. Ha peleado, no se tenían muchas esperanzas, pero hoy por fin ha salido el sol. Una llamada a mi amiga me ha hecho recuperar la sonrisa, y la angustia que he guardado durante estos cinco días, ha estallado en lágrimas, y aunque no soy mucho de rezar, lo he vuelto a hacer ante una imagen de San Judas Tadeo, patrón de las causas difíciles, al que le he tenido desde el domingo una vela encendida ininterrumpidamente, para que su luz le guiase hasta mí y escuchase mi petición.
Su Barça ganó ayer a mi equipo, pero como sé que le alegró en su solitaria estancia, yo también me alegré por los culés, porque fue la alegría de un amigo, de un gran amigo.
Es irónico el destino.... Ese mismo día, la tarde del domingo, estuvimos hablando del tema, y me decían que me cuidase, que lo que yo padecía no era broma, y que tuviese mucho cuidado, que aprendiese a liberarme de las tensiones, que si me hacía falta, gritase donde nadie pudiese oirme, para no acumular estrés, para que las malditas migrañas no siguiesen haciendome daño.... Apenas una hora después, le sorprendió la fatalidad, sin síntomas previos, sin aviso, sin motivos, solo porque era el destino el que hablaba más alto, solo porque ellos creían que todo iba demasiado bien, o quizás porque la suerte les quiso poner a prueba, no sé, pero maldigo los designios que atacan por sorpresa y amenazan con violencia a la buena gente, viendo tanto mal en el mundo, observando día a día la desidia de la justicia, de Dios, de las autoridades, que permiten vivir a tanta alimaña y quita el aliento a tantos hombres buenos. 
Ayer perdió el primer partido de la eliminatoria mi Real Madrid, hoy jueves , a las siete de la mañana, una brusca bajada de tensión ha dado conmigo al suelo, no tenía motivos para pensar en un buen fin de semana, pero solo saber que tú, amigo mío, ya mueves el brazo y podrás mantenerte en pie, me hace mirar de otra manera lo pasado, y todo es más nimio, más superfluo, nada que no se pueda arreglar con una Copa del Rey o una buena taza de café, lo más importante ahora es que tú te recuperas, que a mi hermano le ha salido un trabajo, que mi familia está bien, y que los amigos siguen estando ahí, sean del equipo que sean.
Así que Visca el Barça, Hala Madrid, Viva er Betis manque pierda, Atheeeeeelic, y ¡A por ellos, oeoeoeoeoe!

sábado, 23 de abril de 2011

GRACIAS


Me he parado unos minutos para reflexionar sobre lo afortunada que soy. Han sido unos minutos que han englobado muchas horas, muchos días, muchos años. La vida me está regalando mucho, y no puedo dejar de dar gracias por todo. No tengo derecho a quejarme, siempre he pensado que mirando alrededor encuentro a mucha gente que tiene poco, o no tiene nada, y yo tengo todo, todo lo que una persona necesita para ser feliz. No es más placentera la vida de un millonario que la mía, qué va, yo necesito mucho menos para sentir felicidad. Una simple mirada, una sonrisa, una comida, un sonido, un gracias, un hola, un hasta luego, un guiño cómplice, un abrazo, una conversación placentera, un amigo al lado, una familia, unos niños gritando, un arbol, unas flores, un olor, una brisa, un juego lleno de risas, un cafelino compartido, un libro regalado, una sesión de tele en compañia, unas manos enlazadas bajo las sábanas, un " buenos días cariño", un " mami, te quiero",una tortilla en el campo, un partido de futbol reñido, un "¡campeones, campeones! en la plaza de mi pueblo, "qué guapa estás", ¿cómo te va?" o ¿qué vas a hacer hoy?....... Todo llena mi vida, todo ha colmado mis horas, me han hecho sonreir, me han ayudado a soñar, me dan ganas de seguir.
¿Qué más necesito si todo me lo han dado?.
Si algún día despertases y no me vieses a tu lado, si una noche llegaras a nuestra cama y no encontrases mi cuerpo para tu abrazo, ese día no quiero tus lágrimas, quiero tus holas, tus risas, tus guiños, nuestro futbol, tus hasta luegos, tus miradas, nuestros sonidos, nuestras brisas, los amigos, para que llenen ese pozo inmenso, para que no consiga teñir de negro todo el color de nuestra vida.
Por eso te pido una cosa, mi vida, y es que cuando me marche de tu lado, cuando consiga fuerzas para separarme de ti, sigas recordándome, continúes dándome las buenas noches, me sonrías desde tu almohada y me susurres tu" buenos días, cariño", y así, desde donde esté, mi sonrisa y mi mirada cómplice te seguirán acompañando, pues nada podrá separarnos, ni tan siquiera la muerte.
Pero no quiero convertir estas notas en algo triste, porque la vida es demasiado corta para las tristezas. Quiero darte las gracias, porque tú me salvaste, tú me hiciste verlo todo de otra manera, me estás dando lo que siempre pedí, me has enseñado todo lo que quise aprender, me estás queriendo como nunca imaginé, me acompañas como solo un buen amigo sabe hacer, me amas como solo tú sabes amar. Gracias, mi amor, por todo ésto, por todo lo que el dinero nunca podrá comprar.
Y ahora, pasados estos minutos, durmamos, mi niño, rodéame con tus brazos bajo las sábanas, dame el beso de todas las noches, y hasta mañana, que seguiremos escribiendo las páginas de nuestra historia, y que cuando seamos viejinos, recordaremos muy juntos, con achaques, menos salud y más canas, pero con la misma alegría en los ojos, la alegría de seguir viviendo,de continuar amándonos. ¿Puede haber alguien más afortunado?. Yo lo soy, gracias.

martes, 5 de abril de 2011

RECUERDOS


Recuerdo el día que mi padre murió, pero en mi memoria solo guardo todo lo vivido con él. Aún está muy cerca la madrugada que nos abandonó mi madre, que fue en busca del amor de su vida, aquella 
madrugada amarga, pero tambien prefiero recordar lo bueno que nos dió cuando vivía.
Es curioso darse cuenta de que cuanto más pasa el tiempo, más los echo de menos.
El se fue sin decir nada, en plena calle su cuerpo cayó muerto, fulminado por el infarto. Ella, silenciosa, se fue apagando poco a poco, con el dulce dormir de la morfina, y su despedida solo fue una lágrima, esa lágrima que resbaló por su cara cuando le apreté la mano.
Los necesito a mi lado, necesito que sean mis padres otra vez, necesito sus riñas, sus consejos, sus presencias, esas que te tranquilizaban, que te hacían sentir segura y arropada, como cuando era niña y se ponían al lado de mi cama si estaba enferma.
Soy madre, pero aún me siento sola a veces, y no tengo a mis padres cerca para que me protejan de mis miedos. Es irónico ver que al final no somos tan grandes como nos creemos, que no somos tan autosuficientes como hacemos creer a los demás. Todos necesitamos una caricia, un beso de nuestros padres, para seguir así siendo un poco niños, y dejarnos llevar por el sentimiento de dependencia y de comodidad que dan el saber que ellos te ayudarán, que gracias a ellos todo se soluciona, porque los padres son nuestras figuras envidiadas, las personas admiradas a las que nos queremos parecer cuando seamos mayores. Cuando ellos ya no están, queda un vacío extraño, el destino corta nuestro último cordón umbilical y nos queda solos, desnudos ante la vida, y sin nadie que nos dé la mano o nos aupe en brazos para que no lloremos.
Ellos no eran perfectos, claro, como nadie lo es, pero tenían grandes cualidades, y sobre todas ellas una: eran incondicionales de sus hijos. Todo lo que hicieron en esta vida fue luchar y trabajar por ellos, nos educaron con unos valores que a ellos les inculcaron a fuerza de vivir, sin estudiar apenas, pero absorbiendo como esponjas todo lo que la existencia les ponía en su camino.
Mi madre y mi padre decían a menudo que era curioso que cuando alguien moría, todo el mundo decía de él que era bueno, aunque en vida hubiera dejado mucho que desear, pero en este caso no se cumple esta regla, porque todos los que los conocieron a ellos opinan que sobre todo eran grandes personas.
Nos han dejado los dos, y yo me he quedado sin mis padres, dos seres maravillosos, que estén donde estén, sé que estarán velando por sus hijos, lo que mejor sabían hacer.
Papa, mama, os quiero tanto, y me duele tanto no haberlo dicho antes, que no puedo pensar en vosotros sin derramar mis lágrimas, esas lágrimas que un día vosotros secásteis con el pañuelo, y que ahora, sin que nadie me las limpie, brotan sin parar de mis ojos.
Sé que me estáis viendo ahora, los dos juntitos, quizás enzarzados en alguna peleilla de esas que teníais algunas veces, y que os alegrais por mí, porque me veis feliz, y ese era el fin de vuestra existencia, como es el deseo de cualquier buen padre, que sus hijos alcancen la felicidad.
Soy muy feliz, sí, tengo todo lo que una persona puede desear y todo el amor que me dan mi marido y mis hijos, pero como os he dicho antes, sería totalmente dichosa si pudiese acercarme a casa, sentarme a la camilla con vosotros y tomarme un cafelino de puchero, el vaso o la taza llena hasta el borde porque sino estaría vacía, y caliente, tan caliente que papa se viene quemando los dedos por el camino. Nos reiríamos un rato, mama me diría que sacase unas magdalenas del mueble, y papa se iría al patio a enseñar los canarios a Lucía, como cuando Rubén y Daniel eran pequeños.
Papa se subiría después con Jose a la nave de la terraza y le enseñaría algún proyecto que tuviese entre manos, y él le ayudaría con sus trabajos, y lo querría como a un hijo, aunque en realidad no haya llegado a conocerlo nunca. Sé que se hubiesen querido de haberse conocido.
Y ahora estoy aquí, rememorando momentos, riendo situaciones, llorando pérdidas, pero sobre todo, acordandome de vosotros, mis padres, que me seguís queriendo como yo a vosotros.