jueves, 26 de noviembre de 2015

Feliz Navidad.

El frío acompañaba sus pasos a través de las calles, concurridas a esa hora de la mañana. El aliento exhalado se mezclaba con el aire gélido de ese día de otoño.
Las tiendas exhibían en sus marquesinas las decoraciones de la inminente Navidad. Todo invitaba al consumo. Los rojos se mezclaban con los dorados, los azules con los plata, las guirnaldas iban llenando escaparates y los Belenes, casi en desuso tras la invasión de los gordos y sonrientes Santas, decoraban alguna tienda fiel a la tradición.
Pronto empezarían a sonar por la megafonía del Ayuntamiento los típicos villancicos. A ella le encantaban esos soniquetes que la transportaban a su infancia.
Le gustaba la parafernalia de esas fiestas, pero las odiaba como la mayoría de la gente. Sentimientos encontrados afloraban en ella al llegar el mes de diciembre. Por una parte era la primera en decorar su salón con el árbol y el Portal, velas, guirnaldas, hojas de acebo, piñas recolectadas de antaño por su desaparecido padre, figuras de ángeles que ella misma hizo, coronas en la puerta de su vivienda...... Todo eso le gustaba, la hacía feliz, hasta que todo estaba colocado y se acercaba la hora de tener que aparentar ser dichosa porque era "Época de Paz".
Las redes sociales habían trocado las postales por los wasaps, el Messenger o el Facebook. Ya nadie llamaba a nadie para desear unas felices fiestas. El botón de "reenviar" se utilizaba a destajo en esos días, mandando a los contactos aquellos empalagosos y poco originales mensajes que otros a su vez habían mandado. Compartir, copiar y pegar, reenviar a contactos..... Todo era más frío aún que esa fría mañana.
En Nochebuena, cena obligada con la familia (esas personas que la mayoría de las veces se visita poco o nada). Todos debemos estar juntos al menos una vez al año, aunque la mayoría de las veces salten chispas de la mesa y no por las velas precisamente.
Esos cuñados, esas cuñadas, esos suegros, los niños de los demás que no dejan de dar por saco....... Escenas idílicas que le dan escalofríos, más incluso de los que siente esa gélida mañana.
Tiene que ir pensando en qué llevará para cenar a casa de los suegros. También deberá ir ahorrando para esos regalos de Reyes. Maldito mes de diciembre, empiezas a abrir la cartera el día uno y no la cierras, escuálida ya, hasta el día siete de enero.
¡Qué bonita es la Navidad!.
Su hija ya tiene hecho un calendario en su pizarra. Todos los días, al levantarse, tacha los días que faltan para las vacaciones. Para ella sí son fiestas. Bendita niñez, qué pronto se acaba.
Comprará los turrones y los polvorones "por si viene alguien". Antes, deberá revisar si tiró en agosto todos los del año pasado, porque ese "alguien" nunca vino y en su casa "no son de dulces".
Deberá inspeccionar también el mueble donde tiene las bebidas, no le ocurra como aquel año que sacó unas botellas a sus amigos después del café y resultaron estar caducadas hacía meses. Es lo que tiene comprar licores sin alcohol, que nadie los bebe y si alguna vez te los piden resulta que su fecha expiró. A partir de ahora solo comprará con alcohol; además de que no caducan igual alcanzan una solera que ni en la mejor y más profunda de las bodegas......
Conforme se adentra en sus pensamientos va notando que llega a su destino por el sonido que sale de aquella enorme tienda: Canciones en chino. Ha llegado al bazar donde desde octubre puedes elegir árboles, bolas de colores, figuritas del Belén de todos los tamaños que es mejor no mirar de cerca, flores de Pascua cubiertas de purpurina roja o dorada, gorros de Papá Noel, guirnaldas de todos los colores y tamaños...... Es el paraíso para los compradores compulsivos.
Se acerca como una urraca a los estantes de los adornos. Todos los años busca angelitos nuevos para su árbol. Le encantan los ángeles, tienen algo que la atraen y le provocan ternura.
Debe fijarse bien y no coger una calabaza de Halloween o una cruz de cristal más propia de la Semana Santa. Entre las flores de brillantina aún quedan las rosas para los Santos.....¡Dios, concéntrate!. ¿En qué fecha estamos? ¿Qué estás buscando? ¿Qué es lo que se celebra ahora?....¡Qué lío, esto es como la torre de Babel en tienda!.
Allí hay angelitos en el estante bajo, junto a muñecos de nieve y renos de limpiapipas.
Coge uno, es nuevo para su colección. Lo mira, le da la vuelta; está bastante conseguido si no fuese porque los ojos se los han pintado fuera de las cuencas y los tiene alojados al lado de las aletas de la nariz. Lo suelta, prueba con otro, ese parece que sí. Busca las velas para Adviento, no recuerda los colores, cree que una es malva, pero en los paquetes está sustituida por una azul. Empieza a mosquearse. Los chinos son muy cucos. Pues no, no se la van a pegar, las comprará sueltas. Llama a su amiga, ella sabrá los colores que debe elegir, es más de "estas cosas" que ella. Nunca recuerda de un año para otro cuál se enciende primero, no debe olvidar preguntarlo también. Obtiene la respuesta deseada. Busca las velas sueltas, las encuentra. Se dirige a caja y paga. "Cuatlo eulos", le dice la dueña. Coge la bolsa con su pequeño tesoro y se dirige a casa.
¡Qué frío hace, Dios!. ¡Cuánto daría ella por un billete de avión a Canarias con estancia en las islas hasta el día siete de enero, cenar en Nochebuena en alguna terracita unas papas con mojo picón y enviar desde su móvil, a sus suegros, sus cuñados y cuñadas y a sus repelentes niños , un emotivo mensaje donde desearles a todos unas MUY FELICES FIESTAS!.
Y....¡Click!...¡Reenviar a contactos!.

martes, 6 de octubre de 2015

DONDE SIGA LUCIENDO EL SOL.

 " Soledad no es una palabra fácil de pronunciar; al hacerlo siento un nudo en la garganta que me cierra el paso al llanto, que oprime mi corazón y pareciera que lo encogiese por un instante.
Siempre me he sentido sola, será que ya nací predispuesta a la melancolía o es que me ha afectado en demasía el interés que pudiesen tener los demás en mí.
Quizás esperé demasiado del mundo y ese mundo no quiso darme tanto.
Aquí estoy, en esta residencia para mayores,  eufemísticamente llamada así por las personas encargadas, esas que cuidan de nuestros últimos días, las que velan por "sus viejitos" y se hacen fotos con nosotros el día de Navidad, antes de marcharse a cenar con sus familias.
Aquí estoy, en esta habitación coqueta con flores artificiales en el jarrón, cuadros de imprenta con imágenes bucólicas de pájaros trinando sobre verdes y floridas ramas mientras fuera reina la oscuridad. Lo peor de este lugar es que mañana tampoco desaparecerá ese negro que lo envuelve todo. Hasta aquí no llega el sol. Aquí no hay horas, no hay días, no hay domingos.... Solo existen lunes tediosos, largos, oscuros, fríos, porque no tengo a nadie por quien esperar.
El me abandonó hace ya dos años, aunque para mí hayan sido doscientos.
No le perdonaré nunca.
Mis hijos no sé dónde caminan, supongo que estarán en sus confortables camas durmiendo tras un duro día de trabajo. Están atareados, no tienen tiempo. Los domingos no vienen a verme, tienen otros compromisos y saben que yo estoy bien, no pueden dejar de lado su vida, sus amistades, sus eventos, sus barbacoas, sus escapadas románticas a la sierra solo para venir a visitar a una anciana que no les aporta nada, que no se queja, que pocas veces habla, que les incomoda y trastoca sus vidas con el simple gesto de mirarles a los ojos.
Qué terrible es el olvido. Cuán penoso llegar a viejo.
No te perdono mi vida..... No me has llevado contigo....Me has abandonado
Afuera, tras los barrotes, distingo las sombras del jardín donde me obligan a bajar a diario - para que respire aire puro y me distraiga, me dicen las jovencitas que nos atienden-. Yo no quiero distraerme, no quiero respirar, necesito morirme de una puñetera vez.
Dios tampoco me escucha cuando le ruego que acabe conmigo en cada sueño. Capaz será de hacerlo cuando a El le dé la real gana, como todo lo que hace, y me lleve cuando aún esté despierta.... Y tengo miedo a sentirlo. Quisiera morir dormida, pasar de un sueño a ese otro del que no pueda despertar.
A veces he soñado con cosas bonitas, bellos sueños de los que no me apetecía despertar...Pero llegaban las cuidadoras y  levantaban las persianas. No quiero que me las levanten...Deseo seguir soñando eternamente. Necesito encontrarme con él y no tener que abandonarlo.
Son las once de la noche y debería meterme en la cama, pero la veo fría y terriblemente grande. Siento angustia otra vez. El médico que me atiende dice que mi corazón está débil, pero que viviré unos años más aún. Ojalá se equivoque. Esta máquina se empeña en latir dentro de un cuerpo que no lo desea.
Debo acostarme o vendrá la enfermera de noche a darme una pastilla para dormir. No es que no quiera dormirme, pero no me gusta que me obliguen a ello.
Siempre he sido un poco díscola, debo reconocerlo. Lo mío siempre fue remar contra corriente aun a riesgo de destrozarme los brazos. Luché contra mi madre antes incluso de salir de su vientre. Me revolvía, pateaba, giraba y volvía a girar, haciéndola desear que naciese cuanto antes para no seguir sufriendo.
El parto tampoco se lo puse fácil - algo que continuamente me recriminó-, así que mi madre me odiaba. Dios, qué difícil es oirlo en mi cabeza, cuánto sigue doliendo aunque hayan pasado tantísimos años.
Por eso yo no he sido buena madre, tengo la excusa perfecta. Al menos eso será lo que argumenten  mis hijos para tapar su propio egoísmo.
Lo intenté, por supuesto que lo intenté. Tú que estás por ahí arriba lo sabes. Pero no supieron nunca ver mis esfuerzos. 
Los quiero, siempre los he querido. No soy como mi madre. Quizás los traté siempre con demasiada condescendencia; no quería que un día me viesen como yo vi a su abuela.
Ahora necesito dormir. Quiero soñar con años pasados. Quiero revivir sus nacimientos, sus concepciones, sus risas melladas, sus primeros pasos, sus primeras caídas, los paseos por el campo en familia y con él de la mano. El, mi amor, mi compañero, mi amigo, mi amante. 
El, que no tuvo paciencia -con lo tranquilo que fue siempre- y se marchó antes que yo. 
Seguramente me está guardando un sitio a su lado. Espero que haya escogido un rinconcito donde no haya rejas y los pájaros sean de verdad, al igual que sus trinos y las ramas donde se posen."

Introdujo su pequeño cuerpo bajo las sábanas y aquella colcha de crochet y se obligó a cerrar los ojos.
Al día siguiente entró la cuidadora a subir las persianas y la vio sonriendo por primera vez en dos años.
La saludó amigablemente, pero ella pareció no escucharla.
Esa mañana, a pesar de la lluvia caída de madrugada, el sol brillaba llenando todo el cuarto.
Ella había muerto. Su corazón, al igual que su Dios, se habían apiadado de ella y la habían dejado marchar.
Y falleció como siempre deseó hacerlo: Soñando con un claro día de campo en compañía de toda su familia. Se marchó feliz.


lunes, 20 de abril de 2015

ALAS CORTADAS



No escuchaba nada tras ella, sólo el rumor del viento rozando de vez en cuando sus oídos y revolviendo un poco su cabello.
El horizonte se veía plano, como línea continua en la carretera.
El sol había salido hacía pocas horas. Hacía fresco. La arena aún estaba húmeda por la pleamar de la noche anterior. Ella aún tenía mojados los pantalones y los pies descalzos. No sentía frío, no tenía necesidad de sentir nada.
Se había abandonado....Abandonada.....Esa era la palabra que mejor la definía, tal como ahora se sentía.
No se escuchaban voces, ni risas, ni llantos, ni gritos, ni discusiones, ni reproches. Sólo el viento, sólo el murmullo de las olas alejándose de la orilla. 
A lo lejos distinguió gaviotas. Eran felices los pájaros en su libertad.
¡Cuántas veces había soñado con volar!.
Había permanecido quieta durante demasiado tiempo. Estática, hierática,como esculpida en mármol, sin vida, sin voz, sin fuerzas para alzarla siquiera.
Siempre se dejó llevar por todos.Fue zarandeada, utilizada, usada como se usan los calcetines hasta que se rompen del uso. Ella era así. Asequible, accesible, maleable, manejable como la plastilina a la que unas manos parten en pedazos, mezclando colores, dándole formas, ensuciando la mesa , para luego dejar que endurezca y cuando no les convenza el resultado,arrojar a la basura.
No quería sentirse blanda y pringosa. Ella quería alzar las alas, llegar hasta ese horizonte sin que nadie tirase de los hilos que la ataban a la tierra como aquellos que unen a la marioneta con las manos que la manejan.
No la echarían de menos. O sí, no sabría explicarse el sentimiento que produciría en todos su pérdida.
Durante años, meses, días con sus horas, sus minutos y sus segundos había hecho lo correcto, siempre lo correcto. Al menos lo que ellos creían que lo era......  Para ella simplemente había sido un secuestro de su vida. Desde muy niña sintió la mordaza que llevaba en el corazón, además de en su boca. Nunca tuvo ocasión de hacer o decir lo que quería, no era de buena niña llevar la contraria a los demás.
Amén, decía en las misas a la que acudía con sus padres. Así sea, repetía una y otra vez ante los demás, callando sus propuestas por miedo a que interpretaran por soberbia, orgullo o prepotencia su contrariedad a lo expuesto. 
El "no" pocas veces figuró en su vocabulario. Sí a todo. Que la quisieran, que la aceptasen, eso era lo único que pretendía con su buena predisposición.
En demasiadas ocasiones había sacrificado su "yo" contra el "vosotros". En incontables circunstancias se había rendido arrojando su rey en el tablero y dando la partida por perdida.
Estaba cansada de jugar para no ganar nunca. 
Abandonaba a las otras piezas del ajedrez. Jaque mate.Esta vez ganaba ella. 
Marcharía hacia aquel horizonte que resultaba tan atrayente, tan plano, tan lineal, sin curvas ni complicaciones, azul, hermoso.
Se pondría las alas que un mal día guardó en su memoria y las alzaría. Quizás, con un poco de suerte, aquel viento que ahora apenas soplaba, le echaba una mano y la hacía remontar alto, muy alto.....
Y volaría junto a las gaviotas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

LAS PRIMERAS MARIPOSAS

Una noche fría de octubre. Los setenta estaban marchando y ella caminaba hacia su cita. Su primera cita.
Recién cumplidos los trece no había abandonado su infancia, aun cuando la adolescencia peleaba contra ella en desigual batalla.
Las trenzas quedaron abandonadas hacía ya unos años. Un hombre venía por las calles comprando pelo natural para imágenes de Santas. "Alguna Virgen del Carmen llevará tu pelo", le había dicho su madre. Ella no se resistió. Odiaba aquellas trenzas por lo ridículas que les parecían a sus amigas, todas con cola de caballo que balancear cuando caminaban.
Su pelo quedó en aquel maletín negro, aún trenzado, de color castaño claro casi rubio, o rubio oscuro; ella no entendía de tonos. La melena, que suelta le llegaba a la mitad de su espalda, había quedado reducida a un corte de chico, por lo que tuvo miedo y vergüenza de enfrentarse a sus amigas, a sus compañeros de escuela, a su padre, que adoraba el cabello largo de la niña.
A mediodía, temiendo la reacción de éste, al oírlo entrar en casa, había corrido a la cocina y se había escondido tras la puerta. Allí pudo escuchar el enfado de su padre cuando la mujer le contó lo sucedido, enseñándole una imagen con faroles de la Virgen del Carmen que le habían dado a cambio de las trenzas de la niña. Pero él no se enfadó con su hija. La buscó en la cocina y la cogió en brazos. Le dijo que estaba guapa y desaparecieron los miedos. A la madre tardó bastante más en perdonarla, tanto, como lo que tardó la niña en recuperar el tamaño de pelo que él consideraba normal para una chica sin que pareciese "un macho".
Ahora iba rambla abajo, sonriendo al escuchar a sus amigas, nerviosas por ella, orgullosas de que su amiga fuese a ver a su primer novio. 
Ella apenas las escuchaba, nerviosa y a la vez ansiosa por reencontrarse con el muchacho al que conoció en una boda y quien le estuvo mandado cartas a través de su prima.
Era emocionante. Tenía la sensación de romper las normas, de jugar con lo prohibido, lo que la llevaba a un estado casi irreal de cuento de hadas.
El, que iba con los pijos del pueblo, hijo de maestros de escuela, se había fijado en ella, la niña de la casa chica, hija de un hombre de profesión jornalero según su carnet de identidad y de una mujer dedicada a "sus labores".
Dos mundos que a ella se le antojaban entonces muy lejanos iban a encontrarse de nuevo en esa plaza. 
Allí, en el centro neurálgico del pueblo, las luces de las farolas ya se habían encendido. Los setos daban cierto cobijo a los encuentros, aunque a ella le parecieron muy altos al no divisarlo al primer vistazo. Miró alrededor y allí estaba, sentado en el frío banco de piedra, con las manos en los bolsillos de su cazadora para no tener frío. Más tarde le confesaría que le temblaban, no por el resencio de la noche, sino por el miedo a no saber qué decirle si ella decidía acudir a la cita.
Sus amigas, entre risitas y codazos, marcharon para dejarla a solas con él. Quedaron en dar una vuelta y luego volverían a la plaza a por ella. Debían regresar pronto a casa o sus padres las castigarían.
Pasearon un rato alrededor de la fuente, sin saber qué contarse, mirándose de soslayo  uno al otro.
A partir de ese día tuvo realmente conciencia de que algo más que sus trenzas habían desaparecido de su vida. Después de aquel encuentro con su primer amor, la niña de la casa chica abandonó para siempre a su infancia, igual que los años abandonaban aquella década.
Y saliendo de sus barrigas, las mariposas levantaron el vuelo para perderse con la luz de las farolas.

viernes, 20 de febrero de 2015

ELLA. ENTRE EL ROSA Y EL VERDE.

-Creo que tiene el alma de color rosa, porque el alma debe de ser de colores. Sueños en verde creo que sueña. La esperanza tiene ese tono. 
Se enfrentó cara a cara con la muerte y le franqueó la entrada.
ELLA, mujer, tuvo redaños suficientes para batallar contra  una enfermedad antaño innombrable  ." ¡No, no y no. No vas a poder vencerme!" le dijo cuando la tuvo enfrente.
Su sonrisa eterna la delata. Solo quien ha estado a punto de perderlo todo aprecia y disfruta cada segundo.
Ganas de vivir iluminan su rostro.
El pelo vuelve a peinar formas cuando  reaparece cubriendo su antes lisa cabeza. Peluquería, maquillaje, ropa bonita, todo es poco para celebrar lo que vuelve a recuperarse.
Entereza, fuerza, tesón, alegría, miedo, esperanza..... Palabras como éstas igual no formaban parte de su vocabulario vital y en cambio ahora se funden con ELLA en una sola cosa.
El dolor y el pánico la ha moldeado como una figura que se crea con arcilla. Ahora es más bella, más mujer, más segura, aunque para serlo haya tenido que estar tan cerca de la línea final. 
ELLA tiene nombres, edades y distintos sentimientos. ELLA es cualquier mujer que haya pasado por un cáncer.
Yo la conozco en algunas de sus caras, en algunas de sus vidas, y la admiro en todas ellas.
Vive como yo quisiera hacerlo, comiendo el día a bocados sin pensar en guardar un pedazo para mañana. Ese postrero día a ELLA no le importa tanto....  Ha estado a punto de no  saborear el hoy.
Sabe que puede volver a visitarla. Sabe que debe estar atenta a cualquier señal. Ahora no la cogerá desprevenida.
En la mañana, al despertar, da gracias por volver a ver el sol, por volver a estar con su familia o simplemente por poder vivir una jornada más.
Un día más que me han regalado, me dijo en una ocasión una de las caras de ELLA. Un día más, un mes más, un año tal vez..... Y lo agradece.
-Su gana de vivir me impresiona. Sus ansias por aprender, por descubrir, por conocer, por exprimir, hace que me avergüence de mi tiempo perdido, de mis oportunidades desaprovechadas, de las palabras no dichas, de lo vivido sin vivir.
ELLA, que tenía 30, 40, 50, 60 años cuando en una fría sala le nombraron la palabra cáncer quizás lloró, o calló, o gritó, o simplemente preguntó por sus opciones y supo someterse con entereza a la intervención quirúrgica. ELLA, con cualquier edad, sintió que la vaciaban por dentro y la volvían a unir como cuando cosemos un muñeco de trapo. ELLA, con distintas caras, pasó por la reconstrucción, los drenajes, los injertos, los dolores, los calmantes y la quimio. 
-Quimioterapia, palabra que ya todos conocemos como si de  ibuprofeno o  aspirina se hablase, tal es la repercusión que tiene el cáncer en el mundo.Todos conocemos a alguien, todos sabemos de algún caso. Todos, en mayor o menor medida, lo hemos sufrido directa o indirectamente.
El pañuelo tapa el poco cabello que va quedando. La peluca que ELLA, en cualquiera de sus identidades, decide ponerse la hace sentir rara. Pero esto no es importante. El pelo volverá a salir e incluso se hará  mechas, aun cuando nunca antes se hubiese atrevido a llevarlas. 
Lo realmente importante es que el cáncer ya no está y ELLA se ha quedado.
- ELLA tiene nombres e identidades. ELLA no es un número, ELLA no es solo una estadística, no es una historia clínica más.
Mariana, Carmen, Inés, Conchi, Fefi, Alfonsa, Juany, Trini, Mª Isabel.....  Son ELLA. 
Me alegro de conocerla. Me enorgullece formar parte de algún modo de su lucha díaría. 
Estoy orgullosa como mujer de ver el valor que demostró y sigue demostrando.
ELLA es, en suma, un alma rosa cuyo color preferido es el verde esperanza.
Y a mí me parecen unos bonitos colores.

viernes, 2 de enero de 2015

LA ABUELA.

El reloj de la pared marcaba las dos de la mañana. 
Hacía una hora que se habían marchado todos. La cena estuvo bien. Las uvas las comieron mirando la pantalla del televisor. Después llegaron los besos, el brindis con el cava y algo de oro dentro de la copa, los buenos deseos para el nuevo año...... 
En el suelo aún quedaban restos de las serpentinas que habían lanzado sus nietos. El corcho de la botella se veía bajo el sillón después de su accidentado aterrizaje. 
En la pantalla, único centro de su atención ahora, un grupo musical cantaba mientras los bailarines acompañaban con sus movimientos.
Ella no escuchaba.
Ahora podía sentir el silencio que había quedado en el salón cuando sus hijos se marcharon.
A su lado, en la mesita donde reposaba el último libro adquirido, los ojos de aquel hombre la sonreían desde la foto.
Otro año más soportando aquella misma rutina. Otra Nochevieja más haciendo el papel de madre y abuela deseosa de compañía. Otra vez cansada de cocinar desde bien temprano. Por enésima vez asqueada por aquellos repelentes nietos malcriados que no sabían comer mas que hamburguesas y pizzas y que preguntaban siempre, siempre, siempre, qué era aquello que había cocinado la abuela... ¡Si no sabían siquiera que los pollos que veían en el súper antes habían tenido pico, cresta y plumas!. 
Una sonrisa irónica apareció en su cara de repente al recordar la pregunta de su nieta Julita, de seis añitos... ¿Qué le has pedido a los Reyes, abuelita?- Le había dicho la pequeña intentando controlar el silbido que producía su voz al pasar por la mella que habían dejado los desaparecidos dientes de leche-
¿Qué le he pedido?....
¡Paz, tranquilidad, soledad, vivir feliz mis últimos días!!!!!
En vez de eso le había dicho al oído que quería un viaje en barco por el Mediterráneo, pero que seguramente Sus Majestades, al verla tan viejina ya, preferirían traerle una bufanda o unos guantes, como el año pasado y el otro anterior.
Los nietos dormían ya en las habitaciones que ella les tenía en casa.
Julita abrazaba su peluche, con los pies fuera de las mantas y las gafitas sobre la mesilla de noche. En la cama de al lado hablaba en sueños su hermana Laura, de ocho años, con la almohada atravesada y su muñeco de tela en el suelo harto ya de tantas vueltas.
En el otro cuarto estaban los mayores, Luís y Angel, de diez y catorce años, bocabajo uno y el otro sobre su espalda para no estropearse mucho la cresta engominada hecha para la ocasión. Angel, que era un bicho según su madre y que no sabía en qué pensaba según su padre.
¿En qué va a pensar?- le decía la abuela- Pues en chicas, que es en lo único que pensabas tú a su edad, Alfonso....
Sus hijos se habían ido de fiesta con los amigos. Mañana vendremos a por ellos, le habían dicho.
No os preocupéis- les había contestado- a mí no me molestan.
Otra vez como el año anterior. Otra vez de niñera como tantas otras veces.
Ella solo quería sentarse en su sillón favorito, abrir un libro por donde lo había dejado y sumergirse en su lectura.
Solo deseaba arreglarse, poner un poco de carmín en los labios e ir al teatro con sus amigas. Disfrutaba paseando por el parque, oliendo las flores y la hierba de los setos recién cortados.
Era un placer sentarse en una terraza, con el sol del mediodía en otoño y tomarse un descafeinado con poca leche mientras leía el periódico.
Al calor de la chimenea, en aquella cafetería tan acogedora, había pasado los mejores momentos del invierno riendo hasta las lágrimas escuchando las locuras de sus viejas amigas.
Pero sus hijos no pensaban que ella tuviese vida tras aquellas cuatro paredes.
Allí estaba, mirando hipnotizada el televisor sin prestar atención a lo que emitían.
-Pero al año que viene no. No, no y no.
El año próximo me saco un billete y vuelo a las islas.
Si no vienen mis amigas me voy yo sola, qué narices.
Empezaron a pesarle los párpados.
Las tres de la mañana. Llevaba divagando dos horas. Dos largas horas desaprovechadas. O tal vez no.
Al menos, estaba decidida a cambiar su rol a partir de entonces, que ya era algo. Hablaría con sus hijos. Pero no ahora. Es pronto.
Apagó el televisor y la calefacción. Recogió el tapón del cava y lo depositó sobre la mesa. 
Dirigió sus pasos hacia el baño y echó una ojeada a los niños.
Entró los pies de Julita bajo la ropa, recogió el muñeco de Laura y besó en la frente a Luís y a Angel. Este, al sentir unos labios sobre él, sonrió, quizás soñando con alguna que otra quinceañera boca.
Adela salió del baño y fue a su cuarto. Se desvistió, cogió su pijama bajo la almohada y se lo puso.
Ya bajo la ropa de cama, encendió solo la lamparita de su mesilla y colocó la almohada bajo su espalda. Abrió su libro de cabecera y se dispuso a leer.
Mañana - se dijo- será otro día.
Y se sumergió en otros mundos.