lunes, 15 de octubre de 2012

MADRE CORAJE

Cargó los cántaros de latón sobre sus costados, prominentes como su barriga, y se echó a la calle. Era temprano, tenía tiempo de dar varios viajes desde el pozo, el bidón debía llenarse hoy, necesitaría el agua.
Anduvo la calle, cruzó la ronda y llegó al pozo, donde los grifos rezumían agua fresca y el limo empezaba a acumularse en el pilón abrevadero.
Los cántaros llenos presionaban su vientre, muy hinchado, pero el dolor no existía. Las cosas había que hacerlas, nadie las haría por ella.
Un viaje, dos, tres, hasta cuatro, y el bidón ya casi desbordaba el líquido elemento.
Salió un momento a la puerta a tomar aire. 
Felipa subía la calle, iba a visitar a sus hermanas Angela y Petra, como hacía a diario.
-Felipa, cuando vayas de vuelta entra a ver a mi niña...
-Esta Juana, ¡qué ganas de cachondeo tiene siempre!....
Los niños trajinaban por la casa. Andrés, con sólo tres años, seguía a su hermano Pedro, de cinco años, que jugaba con Diego, de seis. Vigilándolos a todos, Juan, con nueve, el mayor y "hombre" de la casa ahora más que nunca en que su padre trabajaba fuera.

Había llegado la hora.
Los dolores eran más intensos, no podía esperar al médico ni a la comadrona.
La radio estaba encendida, y justo cuando sonaba el Angelus, nació la quinta de sus hijos. Una niña, como ella bien presentía.
La matrona sólo tuvo que cortar el cordón cuando llegó, la madre había hecho todo el trabajo sola.
- Esta niña tenía ganas de nacer, Juana...-decía la comadrona.
Felipa Sánchez y su hermana Angela, María Tejado, Inés Gutiérrez, María Guerrero, Inés Romano, la sra. Trini, Isabel Reyes, Petra Redondo.....Todas las vecinas, al ver a la doctora, entraron en la casa chica, y allí conocieron a la niña recién nacida . Cinco kilos de peso, ojos azules y pelo rubio, boca carnosa y mofletes. 
-¿Qué nombre le vas a poner, Juana?....- Preguntó la abuela Manuela.
-El nombre ya lo trae consigo, tía.
-¿Le vas a poner como tú?
-No, se va a llamar Mª del Carmen, como su tía.
Las lágrimas asomaron a los ojos de la abuela, recordando a la hija perdida hacía años.
-Le voy a decir a Diego que ha sido otro niño....
-No le mientas al pobre, que ya sabes las ganas que tenía de la niña después de cuatro varones....
Domingo 22, hay que lavar la ropa de la cama.
Juana se va al panero, coge el jabón de sosa y frota la sangre. Esa misma sangre la nota bajar de sus entrañas en oleadas, pero no puede dejar esa ropa sin lavar, debe estar todo impecable.
La niña duerme en la cuna, los hermanos juegan en la calle. El sábado que viene recibirá a Diego y le presentará a su hija. Sevilla está lejos para venir todas las semanas, pero le toca quincena ya.
El padre cogerá a su niña en brazos, la llenará de besos y le empezará a decir : "¡Ay, mi chata bonita!",frase que repetirá hasta que la niña se haga mayor.
El abuelo Juan ha ido al Registro. 
-¿Nombre de la niña?
-María del Carmen
-¿Nombre del padre?
-Diego.
¿Nombre de la madre?
-Juana.
-¿Fecha de nacimiento?
-21 de octubre.
-¿Hora?
-12 del mediodía.
¿Lugar de nacimiento?
-Montijo.

¿Un deseo al apagar las velas?....Que el valor que heredé de vosotros no me abandone nunca.

A mis padres, por su coraje y valentía, por saber criarnos y educarnos en una situación difícil sin que nos sintiésemos por ello inferiores. Muchas gracias.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El expulsado o cómo el tiempo pone a cada cual en su sitio.

Hace unos meses, participando en una página de facebook en la que fuí nombrada administradora por su creador, tuve un "pequeño altercado" con un individuo que pululaba por dicha página en su afán notorio por hacerse escuchar y por el gusto de oírse a sí mismo.
Comentando la foto antigua de una señora a la que conozco, pues existe una cierta relación de parentesco entre ella y yo a través de uno de mis hermanos, el personajillo en cuestión se tomó la licencia de insultar a la mujer, que en la foto contaba con pocos años de edad y estaba en traje de primera comunión. Yo, que soy un poco abogada de los pobres, intenté que aquello no se saliese "de madre", y pedí que se dejasen a un lado las descalificaciones y los insultos, porque entre dos de los usuarios de la página (el susodicho y otro chico) se entabló una conversación un poco rara para mi gusto, porque yo a mis amigos no les llamo "gilipollas" cuando opinan de distinta forma que yo...El caso, y para abreviar, es que yo medié en la "refriega", y pedí por favor que se dejase de insultos, puesto que aquel sitio era un lugar donde los amigos comentaban fotos antiguas, anécdotas e historias de nuestro pueblo, y no era de recibo el lenguaje usado, más aún, teniendo en cuenta que se estaba insultando a una persona a la que yo conocía y no podía defenderse.
Pues bien, el señor éste, que presumía de demócrata, flexible con las ideas ajenas y "libertador" de España, se permitió el lujo de inultarme, haciendo alusión a cierta punta de una parte de su anatomía (que creo es la que utiliza para pensar) para hacerme ver que él decía lo que le salía de dicha parte, y que yo no era NADIE (con mayúsculas, que es la forma en que se grita por estos lares cibernéticos) par decirle lo que debía o no pensar. Me hizo ver que mi comentario le recordaba a la información que se daba durante la dictadura (o sea, me llamó facha, con todas las letras), y que si quería "imponer" mis ideas para éso tenía mi muro en facebook, existían los blogs, etc, etc..... Me "invitaba" amablemente a que me fuese a freir monas, y es lo que hice, no sin antes agradecer al creador de la página "su apoyo" y deseándoles a todos que les fuese bien en adelante.
La historia se podría haber quedado así, pero hete aquí que ayer me cuentan que han expulsado al personajillo en cuestión de aquella página, ".....por llamarme fascista e insultos varios a mi persona, por lo que he decidido echarlo. Debería haberlo hecho antes, pero al menos espero que ahora haya paz....", palabras del creador de la página. Alucino, como decían los jóvenes de los sesenta........
A mi memoria llega ahora aquella historia, cuyos términos no recuerdo muy bien, pero sí su mensaje, en el que una persona iba viendo cómo se llevaban noche tras noche a vecinos, amigos, familiares, y los fusilaban, en plena guerra civil, pero como con él no iba la historia, no se preocupaba....hasta que una noche le tocaron a su puerta......
He leído mensajes de apoyo y solidaridad con el "compañero" insultado, ánimos para que siga adelante, gente que aunque antes daba al "Me gusta" en los comentarios bochornosos del expulsado ahora resulta que no era tal santo de su devoción, personas que han visto como sistemáticamente se insultaba y que lo único que hacían era cerrar los ojos.....¡Cómo cambia la película cuando el que "mueve los hilos" es atacado! No importan los números bajos, aquí lo que respetamos son los macronúmeros.
Pues bien, con su pan se lo coman, y como decían en mi pueblo, ajo y agua, que se lo han buscado, por "bienquedas" y pasotas, cobardes que no se atreven a decir MU no sea que les corneen.

martes, 28 de agosto de 2012

¿VAMOS A COMPRAR PASTELES?

Un pionono, una bamba y un petisú, por favor. 
Estaban en la pastelería  Lumar, domingo por la tarde de un día de otoño de hace "nosecuantosaños"...... Paqui, Mª Jose y ella cogieron sus pasteles y se dirigieron a su sitio, su rinconcito, allí en aquella calle poco transitada, donde, en el umbral de la tienda de telas, darían buena cuenta de sus dulces. Risas, confidencias...Y mordisco a mordisco, pasaban la tarde. 
Las tres de Castilla, el trío Acuario, las del Lalala....Así las conocían en el colegio, así las nombraba don Juan Moreno cuando se dirigía a ellas.
Sus camisas, de igual corte, cuello mao, Lois la de Paqui y la suya, de confección casera la de Mª Jose, vaqueros y zapatillas de deporte. Una a rayas blancas con fondo azul, otra con rayas azules y fondo blanco, la tercera de cuadritos blancos sobre fondo azul.....La edad de la imitación, la edad de las primeras y grandes amistades, la edad de la inocencia.
No corría el tiempo para ellas, no importaba lo que ocurría alrededor de su círculo, todo estaba bien, no había de qué preocuparse.
Yo era la tercera, la que se compraba el pionono, la de la camisa con el fondo blanco y las rayas azules, yo era una de las del trío inseparable de amigas, yo fui la que se quedó con "el guapo", la que muchas envidiaron por eso. Yo fui la que peor supo elegir..... Debería haberme quedado en aquel umbral, saboreando mi pastelito, hablando de nimiedades y riendo por tonterías. Me deslumbró su facha, sus palabras dulces, su mirada suave, su aspecto de buen niño.
¡Cuántas veces imaginé cómo hubiese sido mi vida de no haber caído en aquellas manos!.
Quiero volver a comprar pasteles una tarde de otoño. Quiero reir por tonterías, charlar de cosas de "suma importancia" para una niña de trece años. Quiero volver a ponerme mis zapatillas, mis vaqueros de la talla 36, mi camisa Lois, volver a hacerme trencitas en el pelo y recogerlo atrás. Quiero que nada de lo malo que nos ocurriera después hubiese pasado. Quiero volver a la despreocupación, a hablar de los niños que nos gustan y de los que queremos perdernos. 
El trío se disolvió años ha, pero aún seguimos aquí, las tres amigas, con unos añitos más, alguna que otra talla superior a la treinta y seis, con hermosas familias, y con un futuro aún por delante.
Atrás quedaron las canciones de Umberto Tozzi escuchadas en la escalera del Mesón, las compras en mutua compañía, los desaires a los niños moscones que no nos interesaban..... Y nos quedamos con nuestros hombres de carne y hueso, con nuestros añitos de más y con nuestros buenos momentos, que hecho el recuento, ganan a los malos.
Ahora, mirando al pasado, recuperando recuerdos, saboreo todo lo bonito que viví, como en su día hice con aquel pastel.
Mi príncipe salió rana, las amigas encontraron a los suyos después de besar a algún que otro batracio, y yo aproveché la oportunidad que me daba la vida y opté por el príncipe de verdad, uno de esos que no resbala cuando lo tocas, uno que no se ha transformado, por muchos besos que le haya dado y piense darle, en un desagradable anfibio....

sábado, 25 de agosto de 2012

Los sueños de la niña de la casa chica

La niña de la casa chica soñaba despierta. Soñaba con cumplir dieciséis años, vete a saber porqué, pero ella quería llegar a esa edad, la mejor edad según su filosofía de vida.
Sentada en el umbral de entrada a su pequeña casa, al fresco de la noche de aquel verano, miraba las estrellas, buscando El Carro que su padre le había enseñado a identificar, siguiendo El Camino de Santiago y pensando e imaginando dónde acabaría.
El día había sido largo. Pronto llegarían las vecinas para sentarse a la puerta con sus padres. Dentro de nada su soledad se vería interrumpida, y con aquella interrupción se acabarían sus divagaciones, porque con aquella algarabía era imposible soñar, y menos, despierta.
Sería escritora, definitivamente, estaba decidido. Contaría historias, como aquellas que leía en aquel libro gordo de su hermano mayor, aquel con tan bellas ilustraciones. Sí, éso haría, dedicarse a inventar vidas, y así la suya sería un poco mejor.
El primer sueldo lo emplearía en una habitación para ella sola, una cama grande donde poder estirarse, algo imposible en aquel sofá cama que albergaba su cuerpecino todas las noches. La habitación tendría grandes estanterías para poner libros, muchos libros, historias para evadirse del mundo, hechos o narraciones que la llevasen al lecho agotada y llena de vidas con las que soñar.
La niña de la casa chica siempre deseó vivir en una casona. Se imaginaba rondando por las grandes habitaciones, soñaba y pedía que al menos una de ellas estuviera cubierta de volúmenes desde el suelo hasta el techo, con un sillón cómodo, una lamparita al lado, y una ventana con vistas al jardín para poder descansar sus ojos entre tanto relato. El jardín sería magnífico, como todo lo que puede albergar la imaginación de una niña, y hasta podía oler sus flores cuando lo soñaba. Las rosas trepadoras formarían un arco, como los que atraviesan las princesas en sus bodas con los príncipes azules, y los árboles de mimosas llenarían con su fragancia y sus ramilletes amarillos todo el fondo, que podría ver desde la ventana de su espléndida biblioteca......
La voz chillona de la vecina de al lado hizo bajar de golpe a la niña a su mundo real, a su umbral alto, al fresquito de la noche, a sus ocho años y a su pequeña casa.
¡Qué poco duran los sueños!.....
Cumplió los dieciséis, y nada había cambiado. El jardín, la biblioteca, el gran dormitorio, nada de esto lo había conseguido aún, ¡y ya habían pasado ocho años!!!!!. 
La noche era igual de calurosa que la de aquel año, hacía ya siglos. Las amigas la dejaron en la puerta de su casa, de su pequeña pero acogedora casa, y se sentó en el umbral, al lado de su madre, al lado de su padre, y se puso a escuchar atenta las conversaciones de las vecinas, y rió a carcajadas con las ocurrencias de la "siña" María, que siempre la hacía sonreír con sus ocurrencias y su forma de hablar, y así, riéndose , alzó sus ojos al firmamento, cuajado de estrellas como todos los veranos, y divisó El Carro, y encontró El Camino de Santiago, y vio que , como sus sueños e ilusiones, ellos también seguían allí, en lo alto, y se prometió a sí misma que no dejaría de desear, y que por mucho malo que le aguardase en la vida, siempre tendría un lugar donde alzar la mirada, cerrar los ojos, y soñar.........Aunque estuviese despierta.


 

martes, 15 de mayo de 2012


EL OSITO DEL DESVÁN


ESTE ES EL OSITO QUE VELA LAS NOCHES DE MI HIJA
 
Aquel  osito olvidado en el cajón, con su oreja descosida, la sonrisa tímida y un corazón en vez de nariz, soñaba cada noche con la niña. Ella vendría algún día al trastero, estaba seguro de ello.

 Nunca pudo dormir sin él. Cada noche, después del beso a su madre, la pequeña lo abrazaba fuerte, segura con su tacto de peluche, tranquila con la sonrisa que le brindaba si lo miraba a la cara. ¡Cuántas pesadillas habían ahuyentado juntos!.

El osito la conocía muy bien. Sí, es verdad que había crecido, que ya no era la pequeñaja que lo lanzaba con desgana cuando despertaba, que ya no usaba su chupete desde hacía años, que ya no necesitaba para dormir la música de aquella caja con la bailarina girando y girando, que hacía años ya que sus noches no necesitaban una lamparita encendida, que ya no llamaba a los papás porque quería agua de madrugada….. Pero seguía siendo su niña.

Ahora ella no jugaba con muñecas, esa niña se hizo mayor.

Oyó decir que tenía trabajo…… ¿Cuándo ocurrió todo esto?.....El oso no entendía de fechas, del paso del tiempo, sólo sabía de sonrisas, de apretones, de tirones a veces, de abrazos, de lágrimas empapándole el pelo, de volteretas en el aire cuando ella era totalmente feliz….. Y ahora, se había ido de la casa. ¿Cómo lo había olvidado? ¿Qué hizo de malo en su vida de muñeco para que lo dejase allí, abandonado  en aquel cajón de juguetes rotos  supervivientes de una infancia de juegos, restos de aquellos que en su día fueron desenvueltos con asombro, con alborozo, con gritos incluso….?

Allí estaba él, acurrucado entre una muñeca sin brazos y un puzle de madera de piezas grandes y hermosas. El lecho no estaba mal, debajo de su cuerpo tenía un bonito cojín con flores bordadas, lleno de polvo, pero suave.

Pero esa tarde había revuelo en el piso de abajo. Ella había venido a visitar a sus padres. La acompañaba una persona, un chico, al que ella abrazaba cuando los padres no miraban, sintiendo aún la vergüenza de la juventud, con la ilusión que da una relación que empieza. Se veían enamorados. La joven dijo algo al oído de su acompañante, y él aprobó con un movimiento de cabeza. Subió las escaleras del desván, y se dirigió al baúl. Allí estaba, esperándola, como hacía  años lo dejó, con su sonrisa tímida y su corazón por nariz, la oreja descosida tras aquella rabieta. Pobre amigo mío, cuánto me has soportado, por cuantos momentos hemos pasado los dos , cómo me has apoyado sólo con tu tacto suave y tu mirada dulce….

Aquella tarde en que subió al trastero, lo rescató del cajón, lo sentó en su regazo y le cosió su pobre oreja. Ya recompuesto, le dio un beso, y mirándolo a los ojos, y en voz baja, le dijo: “Vas a ser el nuevo compañero de alguien muy especial, de una personita que aún no ha nacido, que quizás se parezca a mí, y estoy totalmente segura de que la querrás como quisiste a su madre, y que ella tendrá en ti al compañero, al guardián, al amigo que siempre fuiste para mí. Te quiero, mi pequeño osito”.

¡Amigos, me voy con ella, ha venido a buscarme! Sabía que no me había olvidado…….

 

 

 

M.G.Máximo.

domingo, 15 de enero de 2012

AMANECER CONTIGO

Los rayos del sol,
alegres,
asoman por mi ventana.
Los pájaros,
en sus picos,
llevan olor a mañana.
En mi almohada, dormido,
los pensamientos tú guardas.
Tus párpados cierran al mundo
la verdad de tu mirada.
Miro con ansiedad
tu boca,
que no me habla,
tus labios,
que yo besé,
tus manos, que acariciaban.
Mi amor, abre los ojos,
ya la noche se fue
y el día aguarda.