Eran las doce de la noche cuando sintió que su abuela le despertaba. La casa estaba alborotada por los pasos nerviosos de su padre y los gemidos de dolor de su madre, que salía dificultosamente de la habitación portando una canastilla y un neceser. La abuela Rosa le dijo que sus padres salían para el hospital a buscar al hermanito. Él, le dijo, se iría con el abuelo a su casa porque los demás se iban con su mamá. No le gustó para nada la noticia, entre otras cosas porque al despertarlo le habían sacado de un sueño donde vivía grandes aventuras que él protagonizaba como un auténtico héroe. Además, la casa de los abuelos era aburrida. Ellos no tenían reproductor de vídeo y por tanto no podría ver su cinta preferida mientras desayunaba, como hacía casi a diario en su casa. Ahh, "La Bella y la Bestia", qué bonita era. Nunca, se decía aquella noche de octubre de 1994, se cansaría de ella. Si se estropease, iría a por otra al videoclub. Aún con sueño en sus ojos de niño, se levantó...
Un lugar donde escapar, un sitio donde encontrarme.





















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ResponderEliminarYa no sentiré el olor a pinturas cuando entre en tu casa. Aquellos lienzos quedaron solos, colgados en la pared, con el solo recuerdo de tu firma.
ResponderEliminar¡Cuántos cuadros habrás regalado que llevarán tu nombre!
Descansa en paz, hermano. Allí donde estás, seguro, estarás pintando un arco iris sobre nuestras cabezas.
Te quiero.
Diego Germán. 03/03/1958- 27/03/2020