domingo, 5 de octubre de 2014

CARTA A UN AMIGO.

El teclado le parecía frío. Ella necesitaba la blancura del papel, el bolígrafo azul con el que siempre había escrito, la mesa vacía y la mente en lo que tenía delante.
Hoy no era buen día para escribir.
Aquella carta le estaba costando mucho, demasiado.
Las luces de las farolas acababan de encenderse en la calle. El camión de la basura invadió el silencio del vecindario, que se preparaba para el descanso nocturno.
Los vecinos de al lado tenían la televisión demasiado alta. Tendría que hablar con ellos. No es que a ella le molestase, más bien todo lo contrario. Gracias a ellos se sentía un poco menos sola.
La vecina de arriba se preparaba para salir. Podía oír sus tacones de un lado a otro de la habitación. Era enfermera y tenía guardia esa noche.
Enfrente, en otro bloque de edificios idéntico al que ella habitaba, podía ver luces encendidas y otras que iban apagándose conforme pasaban las horas.
¡Qué triste es una ciudad de noche un día laborable!
Y ella seguía dándole vueltas a la carta, a su carta, a aquella misiva que tanto miedo le costaba empezar siquiera.
Había sido su mejor amigo, era su confidente, su hombro donde apoyarse, su risa contagiosa, su café de la mañana, sus palomitas frente al televisor, su mano amiga cuando la necesitaba, su abrazo para calmar su pena, sus paseos bajo la lluvia en aquel parque donde tanto gustaban de encontrarse....... Y ahora tenía que decirle que no podía seguir con aquello.
Lo perdería, estaba casi segura de ello. Pero había tomado una determinación y no había vuelta atrás.
¿Cómo explicarle que con cada abrazo de amigo ella quedaba vacía, deseosa de algo más? ¿Cómo decirle que se moría de ganas por un beso suyo y no precisamente como todos los que le daba en su mejilla? ¿Cómo confesarle que se había enamorado de él de una forma brutal, dolorosa incluso?.....
El día anterior él le habló de otra chica. Es lo que tienen los amigos, todo se lo cuentan. Decía que se sentía atraído por ella, aunque no se atrevía a dar un paso para acercarse.
¡Otra!...... Había, existía, vivía, respiraba...... Otra mujer......
Ella nunca cayó en la cuenta de que alrededor de su pequeño mundo podría existir nadie. Lo tenía tan seguro que no creyó en que alguien pudiese arrebatárselo nunca. No podía imaginarlo siquiera. Debía dar el paso que tanto temía para que al menos su corazón quedase en paz.
¿Quién dijo que el amor es hermoso?. A ella le dolía no saberlo correspondido.
Tenía que hacerlo.
Cogió el papel que tenía al lado, su bolígrafo azul y empezó a desmenuzarse por dentro.
Volcó en aquellas líneas todo el amor guardado durante aquellos años para que él lo leyera, lo sintiera.
"No puedo seguir siendo solo tu amiga. Mi corazón no me lo permite.
Sé que igual te pierdo, pero no quiero tenerte así, tan cerca, sin poder abrazarte, sin poder besar tus labios cuando los míos me piden a gritos que lo haga.
No puedo fingir que no me importa que te guste otra.
No debo engañarme ni seguir engañándote. No soy la amiga enrollada que todo lo entiende. No soy la confidente que escucha las virtudes de otras cuando no ves en mí mas que a una camarada.
Te quiero, sabes. Sí, te quiero, no como amigo, sino como hombre. No sabes las veces que he soñado con decírtelo. No imaginas siquiera las veces que me he mordido las ganas de tomar tu cara entre mis manos y besarte largamente en la boca. No puedes ni entender la sensación de vacío que tengo a mi lado cuando te vas a casa después de haber pasado una tarde conmigo.
Quiero seguir paseando contigo por el parque, pero abrazados. Quiero seguir comiendo palomitas frente al televisor, pero acurrucados juntitos bajo la manta. Y quiero que luego no te vayas. Deseo que acabemos la noche juntos, haciendo el amor. Quiero desayunar contigo la mañana siguiente, y todas las demás mañanas. Te quiero a ti.
Amigo, confidente, amor. Quiero contarte cuánto te amo. Necesito decírtelo a los ojos, fuera de las barreras de un papel con tinta azul.
Ven a verme, mi vida, si es que tú sientes lo mismo.
Si no hay nada en tu corazón parecido a lo que existe en el mío, te digo adiós, amigo. No vengas a verme, no me llames, no me escribas, no me hagas más daño del necesario. Lo entenderé. No se puede obligar a nadie para que te ame. Yo no puedo hacer que mi corazón sienta otra cosa por ti.
Adiós, amigo. Te amo."
Escaneó la carta y se la envió por mail. Aunque el teclado era frío tenía que reconocer que la tecnología era más rápida que el correo ordinario y no quería arrepentirse más tiempo por haberla enviado. Ya estaba hecho.
A la mañana siguiente sonó el timbre de su puerta. Abrió y le encontró allí, parado, con una gran sonrisa en su cara. Llevaba unas bolsas. Dentro, unos croissants, unos vasos de café con leche aún calentitos, unas bolsas de palomitas y un pequeño ramo de flores.
"Quiero desayunar contigo. Quiero comer palomitas acurrucado junto a ti en el sofá. Quiero, deseo, me muero de ganas por besar esa boca preciosa que me tiene loco desde que te conocí. Quiero, deseo, necesito, que sigas estando aquí conmigo, mi amiga, mi vida.
Te quiero."
Y se abrazaron como antes nunca lo hicieron.
Y el café se les enfrió.

miércoles, 6 de agosto de 2014

NO QUIERO HACER TARTAS.

La madre no sabía en qué había fallado.
Su hija, su única hija, la que debería seguir por ley sus pasos, no tenía una actitud positiva ante el papel que le tocaba desempeñar en la vida.
-"¿Qué hemos hecho mal, Pedro, para que nuestra pequeña se comporte así?
- No lo sé, Antonia, pero quizás tú no has sabido encauzarla por el camino correcto.... No es por criticarte, pero creo que no eres muy partidaria de las nuevas normas y siempre te has rebelado en secreto contra ellas....
- ¿Que me he rebelado?..... Pero si yo soy fiel seguidora del Nuevo Orden, vivo y existo solamente para cumplir sus leyes..... No puedes tener quejas, Pedro, y haz  el favor de no decirlo en voz alta, pueden oírnos los vecinos y ya sabes lo que puede ocurrir..... "
La chica permanecía encerrada en su habitación. No quería ver ni hablar con nadie. Las últimas notas habían sido un palo para sus padres. No podía, intentaba con todas sus fuerzas hacer de su carrera algo provechoso, se esforzaba al máximo, ponía todo de su parte, pero algo en su interior le decía que aquello no estaba bien. No tenía lógica que a mediados del siglo XXI el mundo hubiese dado un giro tan radical.
La prensa, la televisión, internet, todos los medios audiovisuales habían dado la noticia al mismo tiempo. La mujer tenía a partir de entonces totalmente prohibido el acceso al mundo laboral y universitario. En su lugar deberían aprender a comportarse como lo que eran, mujeres, lo que les obligaría a cuidar del hombre hasta el fin de sus días y a engendrar solamente una pareja de hijos, ese sería el límite.
Decían que todo redundaría en más empleo, en un nuevo orden, en menos delincuencia juvenil y en un montón de nuevas mejoras para el nuevo mundo que formarían.
Las mujeres, decían los Grandes Hombres del Nuevo Orden, deberían educar a los hijos en esos valores, inculcando a las hijas el papel de amas de casa desde su más tierna infancia, instándolas a la obediencia fiel al varón y a abandonar las ideas de igualdad existentes hasta principio de siglo.
Las asignaturas que era obligada a estudiar la repugnaban. Debía aprender buenas maneras para comportarse en sociedad, cocina, costura, labores varias, pintura y algo de música.
La música y la pintura le gustaban, pero también ahí sentía coartada su libertad, obligada como estaba a copiar unas láminas determinadas ( bodegones, florecillas y paisajes) para poder decorar en el futuro su hogar. En música, aprendía de memoria el himno mundial, asignatura ésta obligatoria para todos los habitantes del planeta, además de alguna cancioncilla de cuna o un villancico para amenizar fiestas familiares.
Solo faltaba que la obligasen a usar una rueca, pensaba mientras acudía a diario a las clases.
Ella hubiese querido ser médico, como su madre lo fue antes del levantamiento de los hombres hacía ya más de veinte años.
Admiraba a su progenitora, pero sentía rencor hacia todas las mujeres por no haberse rebelado, por no haber luchado por mantener lo que con tanto esfuerzo habían conseguido durante más de 2000 años.
Aunque nació con el Nuevo Orden, muchas veces se había refugiado en el desván y había hurgado en las cosas de su madre. Ahora todo estaba prohibido, incluso tener todo aquello allí arriba, en aquel baúl, les podría suponer un fuerte correctivo a sus padres, pero se querían y respetaban tanto mutuamente que él no podría jamás intentar borrar de aquella manera el pasado de la mujer con la que compartía vida desde hacía ya veinticinco años.
Mañana tenía un examen práctico. Debería hacer un maldito bizcocho con cobertura. Con un poco de suerte el horno saldría ardiendo y no podrían cocer ninguno más.
Asco de vida, pensaba. ¡No quiero ser una maruja! ¡No quiero ser ama de casa! ¡No quiero hacer tartas!!!!!!!!.........
-" ´¡María, María!......¡Despierta! ¿Qué te ocurre? ¿De qué tartas hablas?.....
Alicia, su compañera de habitación, la movía de un lado a otro en la cama, gritándole algo que no entendía. Aún estaba adormilada, no sabía muy bien dónde se encontraba ni qué estaba haciendo.
Miró a su alrededor.
Una habitación con dos camas, revueltas las dos, con ropa sobre un sillón  y un sujetador colgado en una percha tras la puerta. En los estantes, libros de consulta. Estaba en la Universidad, estudiando medicina. Había despertado de aquella pesadilla. Y sintió unas ganas tremendas de comer bizcocho..........

viernes, 25 de julio de 2014

DIARIO DE UNA NEUROTICA. Día II

13-07.2014
Querido y olvidado diario:
Llevo meses sin visitarte, desoyendo los consejos de mi amiga, y creo que va a ser la última vez que lo haga. Verás, lo cierto es que no me apetece nada hablar sola, y creo que eso es lo que hago cuando me pongo a escribir aquí. Cuando tenía once o doce años no me parecía tan absurdo esto de contar en páginas en blanco que solo yo podría leer, mis cosas, mis pensamientos, mis vivencias de niña, pero ahora, casi treinta años después, no creo que sea la solución de nada que yo pierda mi tiempo en estas niñerías.
Sé de personas ilustres, mayores, sensatos, de vida plena, que han escrito diarios durante toda su vida, pero no creo que yo tenga nada importante que dejar a generaciones venideras. Mi vida no es una novela, no me han ocurrido grandes cosas ni pasaré a la historia por nada, así que, no encuentro el sentido a esto.
Te contaré lo ocurrido en estos meses que te he tenido en el cajón, dejado de cualquier forma después de llenar tus primeras páginas.
Mi ex-suegra no ha dejado de venir a visitarme. Casi cada tarde se presentaba con sus cuatro o cinco amiguísimas del alma a tomarse un café. Unas veces iban de compras, otras, venían de ellas, pero siempre iban cargadas de paquetes de las firmas más "in" de la ciudad.
No sé qué pretende con tanta visita.
La aprecio, sí, es cierto, a pesar de su envoltura de nueva rica creo que en el fondo sigue subyaciendo la maruja que era antes de contraer matrimonio con el rico empresario que fue mi suegro.
Aun así, no la soporto la mayoría de las veces.
Cuando las atendía para tomarles nota, era rara la ocasión que no sacaba a colación el nombre de su hijo, pobre hijo, tan solo y perdido se encontraba.
Dijo, una de las ocasiones, que estaba visitando a un sicólogo, por ansiedad, decía. El doctor le había recomendado unas vacaciones para desestresarse.....Y allí que se había ido el "niño" Rafael, a la playita, al chalet familiar que tenía su padre desde hacía muchos años.
¿Y a mí qué me importa?....Me daban ganas de soltarle....Pero mi educación, acentuada por los años de camarera, me impidieron decirlo en voz alta.
Me alegro por él, fue en cambio lo que le dije. ¿Cuántos cafés, Carmen?....Y se acabó la conversación.
Ahora me cuenta, esta misma mañana, que tiene novia, que la cosa va en serio y que todos están dichosos..... Un rica heredera, sin más atractivo que sus cuentas corrientes, insípida, más bien ñoña, con el bachillerato sacado a fuerza de repetir cursos, ha entrado en su vida de la mano de sus padres. Su ex se había quedado prendado, según me contaba Carmen no sin una miradita de reojo para intentar adivinar una reacción que no tuve. Y ahí están, conociéndose un poco más, aunque haciendo planes para una futura boda, que hay que atar cabos y el niño no puede vivir el resto de su vida de las rentas de su padre......
Me alegro por él, en serio, igual yo no supe quererlo y con esta chica encuentra lo que no le pude dar.
Por mi parte, mi vida sigue más o menos igual.
Terminé el curso que me quedaba de la carrera, mis buenas noches de sueño me ha costado, pero al fin he cumplido mi sueño.
Ahora, esperaré un tiempo para buscar otros caminos, lucharé como siempre lo he hecho por seguir siendo libre y autosuficiente, seguramente seguiré otros años más sirviendo cafés en este lugar atendiendo con mano izquierda a todos los clientes.....
Mis hijos crecerán, seguirán conmigo, aunque sigan con las visitas paternas que el convenio de divorcio dictó en su día. Yo quizás no llegue nunca a poder ir de compras a diario, como mi ex-suegra y sus amigas, o como mi ex y su nueva mujer, pero no me importa. Como bien decía mi amiga, la que me aconsejó que escribiese este diario, estoy un poco loca, un poco neurótica, y no he sabido adaptarme a las circunstancias. Cualquier otra hubiese elegido el camino fácil, una vida sin privaciones económicas llena de caprichos y de padle, cenas en restaurantes de cinco tenedores y vacaciones en las mejores playas, pero no, yo soy así de díscola, he elegido ser libre.
Así que, diario de unos días, voy a cerrar tus tapas y a guardarte en un cajón. Quizás dentro de muchos años decida releer estas cuatro páginas y reprocharme mi tozudez, pero ahora, por ahora, creo que he hecho lo que tenía que hacer y he sido consecuente con mis sentimientos.
A mi amiga le diré que sigo escribiendo, que me sirve de mucho y además es más barato que un sicoanalista, para tenerla contenta, para que crea que me ha "salvado", para que se crea útil y siga creyendo que un buen día decidiré pedir perdón a Rafael, que le pediré que me vuelva a aceptar y que perdone mi locura, mi arrebato, y todo vuelva a ser como antes..... Mientras ella lo crea así, dejará de meterse en mi vida y me dejará vivirla como a mí me plazca.
Por cierto, antes de abandonarte, te contaré que el parroquiano que todos los días venía a por su café ha dejado de visitarme. Creo que ha comprendido que solo iba a conseguir de mí una sonrisa y una pequeña conversación entre sorbo y sorbo. Espero que encuentre a alguien.
Hasta la vista, amigo, espero no tener que volver a verte en muchos años............


martes, 10 de junio de 2014

DIARIO DE UNA NEURÓTICA. Día 1.

Compró el diario siguiendo la recomendación de una de sus "buenas amigas". Hacía mucho tiempo que no escribía uno, seguramente siglos, tal era la edad que tenía cuando llenó la última página de aquel librito azul con pastas duras y un pequeño candado que guardaba sus secretos de adolescente. Mira tú por donde ahora se sentiría otra vez aquella niña-mujer de doce años....¡Un diario!.....¿Y de dónde iba a sacar ella tiempo para escribir, con el trabajo de camarera, sus hijos adolescentes en plena efervescencia hormonal, ese pretendiente que la visitaba todas las mañanas con la excusa del cortado y media catalana?....¡En fin, que no quedase por su parte el intentarlo!..
Ella no se veía como todos afirmaban, pero igual es que nunca supo "mirar en su interior" para llegar a conocerse como parecía que últimamente TODOS la conocían.....
Llegaba a los cuarenta y no cambiaba nada. No había cosa que le molestase más que su silencio ante los consejos "bienintencionados" de sus conocidos. Con todo lo que había vivido y las garras que había sacado a la vida para no caer, era incapaz de mandar a freír monas a los pseudo-psicólogos que se empeñaban una y otra vez en decirle cómo debía vivirla. Esos, que además, no la ayudaron a sujetarse nunca dejando que se rompiese las uñas para evitar la caída.
Pero ella era así. Fuerte cuando era necesario sacar fuerzas, débil cuando la intentaban "proteger de sí misma".
Con una carrera universitaria casi terminada, decidió, por amor (.....) abandonarlo todo y largarse con aquel niño pijo que le prometió la luna. La luna, qué desilusión. Unos años con él le bastaron para darse cuenta de que nunca estaría a su alcance.
De aquella unión nacieron dos hijos, terrenales ellos, con necesidades biológicas y afectivas que aquel ser que le pareció sobrenatural en su día era incapaz de satisfacer, tan alto y elevado era su ego y tan baja su personalidad. Todo su encanto desapareció al tiempo que su rubio pelo, presente a docenas, muerto, en el desagüe de la bañera...... Y es que todo en él fue un fraude, incluída su pose de autosuficiente. Dicen que dentro de cien años todos calvos, pues él no llegó a la centena para quedarse mondo y lirondo.
El día que ella decidió volar sola pasó hacía tanto que casi le parecía no ocurrido. Solo había algo que le decía cada día que no había sido una pesadilla, y era mirar a aquellos dos adolescentes con acné que le alegraban los días al mismo tiempo que la llenaban de angustia.
Ahora era feliz, había encontrado el rumbo de su vida, no dependía de nadie y había madurado, pero la gente seguía pensando que no estaba bien, quizás buscando seguir alimentando sus propios días "ayudando" a la amiga descarriada que no está muy allá de la azotea.
Pues bueno, escribirá su diario, como aquella amiga quería, y pondrá, con muy buena letra y sin faltas de ortografía ( de algo le tuvo que servir estudiar filología hispánica) los cafés servidos en la mañana, las discusiones sobre fútbol o política con los parroquianos de siempre, las notas de sus hijos en el instituto, las insinuaciones del cliente tras su cortado con catalana, el regateo con el jefe en el recuento de las horas extras, la discusión con el del café, que les quería subir el precio del paquete de descafeinado....... En fin, un diario de lo más interesante, tanto, que igual se convertiría en best seller en manos de algún editor avispado......jaja.
De chiste, si no fuese porque no le hacía ni pizca de gracia.
Ella,  en vez de comprar el diario, debería haberse fabricado un cartel y pasearse con él como si de reclamo publicitario se tratase....Un cartel en que rezase, con muy buena letra y en cursiva, sin faltas y en negrita, el siguiente mensaje : NO ME DEN CONSEJOS, POR FAVOR, YA ME BASTO YO SOLA PARA CRITICARME.
 
 
8-02-2014
Querido diario: Jajajaja....Es que no puedo, de verdad, esto no es serio.....
Bien, otra vez empiezo.....
Querido diario:
Voy a empezar como hace años le decía al cura de mi pueblo cuando me confesaba: "Hace mucho tiempo que no te escribo"....
Hoy ha venido, por enésima y no por última vez, a verme, el pesado del cortado y la catalana..... Tenía libre en el curro, pero aún así se ha marcado unos kilómetros en coche para venir a desayunar al bar donde trabajo. Esto es perseverancia, sí señor, o locura, que también pudiera llamarse así a su cabezonería..... He vuelto, como otras cientos de veces, a declinar amablemente su invitación.... Este hombre no sabe lo que es darse por vencido, se empeña día sí y otro también en que debemos comer un día juntos sin que nos separe esta barra, la misma que ahora nos sirve para que yo ponga en ella su desayuno y él apoye sus codos mirándome fijamente como corderito cuando  le presento la cuenta en el platillo.
Lo cierto es que no está mal el compañero...... Pero no, Angela (Así me llamo, diario, que no hemos hecho las presentaciones oportunas) no seas tonta. Mira que tú te derrites con esas miradas, date cuenta que animalito solo que veías por la calle lo llevabas a casa, so pretexto de que te había suplicado con los ojos que lo salvases.....Muchas riñas te llevaste de tus padres que no sirvieron de nada, mira sino al último que adoptaste, sí, aquel rubio monísimo que se convirtió en calvo en menos que cantó un gallo......
Pero digo yo que todos no van a ser iguales....
Angela, Angela, que nos conocemos....Tú, limítate a servirle el desayuno, obséquiale con la mejor de tus sonrisas cuando te deje la propina en el bote, escucha sus soliloquios como si te interesasen y después, cuando se vaya, limpia la barra y pon los cubiertos en el lavavajillas....Aséptico y seguro, como debería ser todo en esta vida.
Mira, ya te he estrenado, nuevo diario..... Mañana seguimos con la terapia recomendada con tanto afecto por una de mis muchas amigas. No sé de qué me puede servir esto, pero yo, como siempre he sido una buena chica, y muy bien mandada, como dicen los viejos de mi pueblo, voy a hacerme caso y a seguir con este juego.....Igual cuando termine de escribir tu última página descubro cómo soy realmente y acabo dando la razón a los que dicen que soy una neurótica deseosa de caerle bien a todo el mundo.....
Pues bien, hasta mañana de nuevo, que hoy ya es muy tarde, tengo las piernas hinchadas y la cabeza rebosante de datos. Y tú dirás, página en blanco, que qué datos puedo almacenar detrás de una barra de cafetería.....¿No te lo he dicho? ¡Claro, si acabamos de conocernos! jejeje....He vuelto a estudiar, estoy intentando sacarme el último curso de filología a fuerza de ahorrar las propinas....... ¿De qué sino iba yo a aguantar tantas historias de clientes frustrados en el trabajo, en su casa, en los estudios, que todos los días escucho cual sicólogo argentino sin diván?.....
¡Y es que, esto de la hostelería es mucho más duro y estresante de lo que pudiera parecer!
A no ser, claro, que cuando se vayan todos y cada uno de estos "pacientes- clientes", además de sus tazas, sus cubiertos y sus vasos, pongamos en el lavavajillas todas sus historias, le demos al programa más largo y la máxima temperatura....Como yo digo, relaciones asépticas, que son las que más duran.....
Hasta otro día. Buenas noches.

domingo, 6 de abril de 2014

EL TREN




Aquel tren no los llevaba a ninguna parte. En el andén, cabizbajos, evitando mirarse por miedo al adiós que se aproximaba, los dos evitaron cualquier palabra que enturbiara el aire, ningún sonido que evitase oír aquel expreso que se aproximaba y que a ellos iba a distanciarlos quizás para siempre.
No quería, no podía desprenderse de él de aquella manera, pero sabía en el fondo de su alma que era la única solución que les quedaba.
La relación se había vuelto asfixiante, nociva. El amor que se tenían uno al otro estaba matándoles. ¡Qué incongruente era todo!.
El tomó una de sus maletas y la alzó del suelo, sopesando lo que podría llevar allí dentro. Ella pensó que parecía tener mucha prisa de que marchase.....Comunicación, eso es lo que siempre les había faltado.
Nunca tuvieron necesidad de expresar con palabras lo que sentían, nunca necesitaron decir al otro nada, porque nada había que decir que no supieran tan solo con mirarse a los ojos....
Ahora estaban allí, en aquel andén, sintiendo bajo sus pies la vibración del tren que se acercaba, aquel que iba a hacer que dos almas, dos cuerpos que siempre estuvieron predestinados a vivir juntos, se separasen sin remedio. ¿Habría alguna solución?.
El bajó la maleta, le pesaban demasiado los recuerdos que viajaban en su interior, tantos sueños rotos, tantas noches de pasión, muchos días de enfados.... Cogió la barbilla entre sus manos y la hizo mirarle de frente, a los ojos, suplicando alguna respuesta, algo que le hiciese comprender el porqué estaban allí en ese momento. Ella le miró, obligada por aquella mano que tantas caricias le había dado, y sus ojos, al encontrarse con los de él, se humedecieron.
No tengo respuestas, amor mío, le dijo con la mirada...... Y él la entendió.
Habían vivido años tan intensos que no se habían dado un respiro. El espacio que compartían era uno, solo uno, sin lugar para individualidades, sin sitio para la intimidad y la reflexión propia, sin tiempo para pensar en que ese mismo tiempo pasaba.
Llegó un momento en que ninguno de los dos sabía si tenía identidad propia o era la que le proporcionaba el otro, y de golpe, un día, todo estalló cual globo demasiado hinchado de aire.
Necesitaban separarse, debían mirar desde lejos su relación, ampliar el círculo en el que habían estado viviendo y poder aspirar otro aire que no fuese el que respiraba su pareja.
Ya está aquí el tren- oyó que alguien decía a su lado- y se abrazó a él con todas sus fuerzas.
Lloraron en silencio, sin atreverse a decir nada, sin querer pronunciar la maldita palabra que no querían oir.
El largo beso selló sus labios, saboreando hasta el último segundo el uno del otro. La megafonía de la estación anunciaba la llegada de aquella máquina que a ella la llevaría a casa, al lugar donde nació, al sitio donde hacía años decidió abandonar para emprender una nueva vida lejos de todo y de todos. Ahora volvería, después de tanto tiempo, para recuperarse, ordenar sus ideas y verlo todo desde otro prisma distinto. Volvería al pueblo, aquel que ahora se le hacía como un retiro espiritual, aquel del que marchó con ansias de aventura, con ganas de ver y vivir, y que ahora, con la madurez, le parecía la mejor opción para curarse el alma.
Sus padres la esperaban, encantados de volver a ver a su niña, afanados en preparar de nuevo aquella habitación con vistas al campo donde ella pasaba largas horas mirando por la ventana. Sabían que llegó a encontrar su sueño, que había vivido y experimentado, que se había hecho mayor, pero para ellos siempre sería su niña, aquella que soñaba en colores, aquella que se negaba a echar raíces en ninguna parte porque decía que la naturaleza le había dado piernas para andar y correr, no para anclarse con ellas a ningún suelo.
¡Qué lejanos le parecían ahora esos campos y qué ganas tenía de volver a sentarse bajo aquella ventana!.
Ahora anunciaban la inminente partida del tren y su mente volvió de golpe al instante que estaba viviendo. Se separaron, cogieron entre los dos sus maletas y se encaminaron al vagón que les esperaba con las puertas abiertas.
Él bajó, después de ayudarla con el equipaje, y desde allí abajo, desde el andén, sintiéndose por primera en su vida un ser pequeño, alzó la mirada, buscando la suya, y al encontrarla escuchó, en el fondo de aquellos humedecidos ojos verdes, un "hasta luego" que le hizo saltar el corazón.
No todo había acabado... Aquel tren volvería, y con él regresaría ella, su otra parte, su vida, la mujer que más quería, la que solo necesitaba mirarle a los ojos para saber que nunca podrían dejar de amarse.