miércoles, 6 de agosto de 2014

NO QUIERO HACER TARTAS.

La madre no sabía en qué había fallado.
Su hija, su única hija, la que debería seguir por ley sus pasos, no tenía una actitud positiva ante el papel que le tocaba desempeñar en la vida.
-"¿Qué hemos hecho mal, Pedro, para que nuestra pequeña se comporte así?
- No lo sé, Antonia, pero quizás tú no has sabido encauzarla por el camino correcto.... No es por criticarte, pero creo que no eres muy partidaria de las nuevas normas y siempre te has rebelado en secreto contra ellas....
- ¿Que me he rebelado?..... Pero si yo soy fiel seguidora del Nuevo Orden, vivo y existo solamente para cumplir sus leyes..... No puedes tener quejas, Pedro, y haz  el favor de no decirlo en voz alta, pueden oírnos los vecinos y ya sabes lo que puede ocurrir..... "
La chica permanecía encerrada en su habitación. No quería ver ni hablar con nadie. Las últimas notas habían sido un palo para sus padres. No podía, intentaba con todas sus fuerzas hacer de su carrera algo provechoso, se esforzaba al máximo, ponía todo de su parte, pero algo en su interior le decía que aquello no estaba bien. No tenía lógica que a mediados del siglo XXI el mundo hubiese dado un giro tan radical.
La prensa, la televisión, internet, todos los medios audiovisuales habían dado la noticia al mismo tiempo. La mujer tenía a partir de entonces totalmente prohibido el acceso al mundo laboral y universitario. En su lugar deberían aprender a comportarse como lo que eran, mujeres, lo que les obligaría a cuidar del hombre hasta el fin de sus días y a engendrar solamente una pareja de hijos, ese sería el límite.
Decían que todo redundaría en más empleo, en un nuevo orden, en menos delincuencia juvenil y en un montón de nuevas mejoras para el nuevo mundo que formarían.
Las mujeres, decían los Grandes Hombres del Nuevo Orden, deberían educar a los hijos en esos valores, inculcando a las hijas el papel de amas de casa desde su más tierna infancia, instándolas a la obediencia fiel al varón y a abandonar las ideas de igualdad existentes hasta principio de siglo.
Las asignaturas que era obligada a estudiar la repugnaban. Debía aprender buenas maneras para comportarse en sociedad, cocina, costura, labores varias, pintura y algo de música.
La música y la pintura le gustaban, pero también ahí sentía coartada su libertad, obligada como estaba a copiar unas láminas determinadas ( bodegones, florecillas y paisajes) para poder decorar en el futuro su hogar. En música, aprendía de memoria el himno mundial, asignatura ésta obligatoria para todos los habitantes del planeta, además de alguna cancioncilla de cuna o un villancico para amenizar fiestas familiares.
Solo faltaba que la obligasen a usar una rueca, pensaba mientras acudía a diario a las clases.
Ella hubiese querido ser médico, como su madre lo fue antes del levantamiento de los hombres hacía ya más de veinte años.
Admiraba a su progenitora, pero sentía rencor hacia todas las mujeres por no haberse rebelado, por no haber luchado por mantener lo que con tanto esfuerzo habían conseguido durante más de 2000 años.
Aunque nació con el Nuevo Orden, muchas veces se había refugiado en el desván y había hurgado en las cosas de su madre. Ahora todo estaba prohibido, incluso tener todo aquello allí arriba, en aquel baúl, les podría suponer un fuerte correctivo a sus padres, pero se querían y respetaban tanto mutuamente que él no podría jamás intentar borrar de aquella manera el pasado de la mujer con la que compartía vida desde hacía ya veinticinco años.
Mañana tenía un examen práctico. Debería hacer un maldito bizcocho con cobertura. Con un poco de suerte el horno saldría ardiendo y no podrían cocer ninguno más.
Asco de vida, pensaba. ¡No quiero ser una maruja! ¡No quiero ser ama de casa! ¡No quiero hacer tartas!!!!!!!!.........
-" ´¡María, María!......¡Despierta! ¿Qué te ocurre? ¿De qué tartas hablas?.....
Alicia, su compañera de habitación, la movía de un lado a otro en la cama, gritándole algo que no entendía. Aún estaba adormilada, no sabía muy bien dónde se encontraba ni qué estaba haciendo.
Miró a su alrededor.
Una habitación con dos camas, revueltas las dos, con ropa sobre un sillón  y un sujetador colgado en una percha tras la puerta. En los estantes, libros de consulta. Estaba en la Universidad, estudiando medicina. Había despertado de aquella pesadilla. Y sintió unas ganas tremendas de comer bizcocho..........

2 comentarios:

  1. Ufff que angustia debió pasar jejeje. me ha gustado mucho, muy bien escrito, he estado en tensión hasta el fina.. Besitossss.

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  2. jajaja. Me alegra que te haya gustado, Mª Carmen, y que te enganchases a la historia...... La verdad es que sería una pesadilla horrible y algo tremendo si ocurriese en realidad..... Un saludo.

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