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CARTA A UN AMIGO.

El teclado le parecía frío. Ella necesitaba la blancura del papel, el bolígrafo azul con el que siempre había escrito, la mesa vacía y la mente en lo que tenía delante.
Hoy no era buen día para escribir.
Aquella carta le estaba costando mucho, demasiado.
Las luces de las farolas acababan de encenderse en la calle. El camión de la basura invadió el silencio del vecindario, que se preparaba para el descanso nocturno.
Los vecinos de al lado tenían la televisión demasiado alta. Tendría que hablar con ellos. No es que a ella le molestase, más bien todo lo contrario. Gracias a ellos se sentía un poco menos sola.
La vecina de arriba se preparaba para salir. Podía oír sus tacones de un lado a otro de la habitación. Era enfermera y tenía guardia esa noche.
Enfrente, en otro bloque de edificios idéntico al que ella habitaba, podía ver luces encendidas y otras que iban apagándose conforme pasaban las horas.
¡Qué triste es una ciudad de noche un día laborable!
Y ella seguía dándole vueltas a la carta, a su carta, a aquella misiva que tanto miedo le costaba empezar siquiera.
Había sido su mejor amigo, era su confidente, su hombro donde apoyarse, su risa contagiosa, su café de la mañana, sus palomitas frente al televisor, su mano amiga cuando la necesitaba, su abrazo para calmar su pena, sus paseos bajo la lluvia en aquel parque donde tanto gustaban de encontrarse....... Y ahora tenía que decirle que no podía seguir con aquello.
Lo perdería, estaba casi segura de ello. Pero había tomado una determinación y no había vuelta atrás.
¿Cómo explicarle que con cada abrazo de amigo ella quedaba vacía, deseosa de algo más? ¿Cómo decirle que se moría de ganas por un beso suyo y no precisamente como todos los que le daba en su mejilla? ¿Cómo confesarle que se había enamorado de él de una forma brutal, dolorosa incluso?.....
El día anterior él le habló de otra chica. Es lo que tienen los amigos, todo se lo cuentan. Decía que se sentía atraído por ella, aunque no se atrevía a dar un paso para acercarse.
¡Otra!...... Había, existía, vivía, respiraba...... Otra mujer......
Ella nunca cayó en la cuenta de que alrededor de su pequeño mundo podría existir nadie. Lo tenía tan seguro que no creyó en que alguien pudiese arrebatárselo nunca. No podía imaginarlo siquiera. Debía dar el paso que tanto temía para que al menos su corazón quedase en paz.
¿Quién dijo que el amor es hermoso?. A ella le dolía no saberlo correspondido.
Tenía que hacerlo.
Cogió el papel que tenía al lado, su bolígrafo azul y empezó a desmenuzarse por dentro.
Volcó en aquellas líneas todo el amor guardado durante aquellos años para que él lo leyera, lo sintiera.
"No puedo seguir siendo solo tu amiga. Mi corazón no me lo permite.
Sé que igual te pierdo, pero no quiero tenerte así, tan cerca, sin poder abrazarte, sin poder besar tus labios cuando los míos me piden a gritos que lo haga.
No puedo fingir que no me importa que te guste otra.
No debo engañarme ni seguir engañándote. No soy la amiga enrollada que todo lo entiende. No soy la confidente que escucha las virtudes de otras cuando no ves en mí mas que a una camarada.
Te quiero, sabes. Sí, te quiero, no como amigo, sino como hombre. No sabes las veces que he soñado con decírtelo. No imaginas siquiera las veces que me he mordido las ganas de tomar tu cara entre mis manos y besarte largamente en la boca. No puedes ni entender la sensación de vacío que tengo a mi lado cuando te vas a casa después de haber pasado una tarde conmigo.
Quiero seguir paseando contigo por el parque, pero abrazados. Quiero seguir comiendo palomitas frente al televisor, pero acurrucados juntitos bajo la manta. Y quiero que luego no te vayas. Deseo que acabemos la noche juntos, haciendo el amor. Quiero desayunar contigo la mañana siguiente, y todas las demás mañanas. Te quiero a ti.
Amigo, confidente, amor. Quiero contarte cuánto te amo. Necesito decírtelo a los ojos, fuera de las barreras de un papel con tinta azul.
Ven a verme, mi vida, si es que tú sientes lo mismo.
Si no hay nada en tu corazón parecido a lo que existe en el mío, te digo adiós, amigo. No vengas a verme, no me llames, no me escribas, no me hagas más daño del necesario. Lo entenderé. No se puede obligar a nadie para que te ame. Yo no puedo hacer que mi corazón sienta otra cosa por ti.
Adiós, amigo. Te amo."
Escaneó la carta y se la envió por mail. Aunque el teclado era frío tenía que reconocer que la tecnología era más rápida que el correo ordinario y no quería arrepentirse más tiempo por haberla enviado. Ya estaba hecho.
A la mañana siguiente sonó el timbre de su puerta. Abrió y le encontró allí, parado, con una gran sonrisa en su cara. Llevaba unas bolsas. Dentro, unos croissants, unos vasos de café con leche aún calentitos, unas bolsas de palomitas y un pequeño ramo de flores.
"Quiero desayunar contigo. Quiero comer palomitas acurrucado junto a ti en el sofá. Quiero, deseo, me muero de ganas por besar esa boca preciosa que me tiene loco desde que te conocí. Quiero, deseo, necesito, que sigas estando aquí conmigo, mi amiga, mi vida.
Te quiero."
Y se abrazaron como antes nunca lo hicieron.
Y el café se les enfrió.

Comentarios

  1. Precioso y tierno.Me encantó. Besitosss.

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  2. Muuuuuuuuuuuy bonito, "me se" ha puesto un nudo en la garganta y me has hecho llorar de lo tierno que es "joía".

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  3. Ya lo he leido cariño, muy bonito haber si me presentas a ese amigo que no lo conozco.

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