Ir al contenido principal

Entradas

EL TREN

Aquel tren no los llevaba a ninguna parte. En el andén, cabizbajos, evitando mirarse por miedo al adiós que se aproximaba, los dos evitaron cualquier palabra que enturbiara el aire, ningún sonido que evitase oír aquel expreso que se aproximaba y que a ellos iba a distanciarlos quizás para siempre. No quería, no podía desprenderse de él de aquella manera, pero sabía en el fondo de su alma que era la única solución que les quedaba. La relación se había vuelto asfixiante, nociva. El amor que se tenían uno al otro estaba matándoles. ¡Qué incongruente era todo!. El tomó una de sus maletas y la alzó del suelo, sopesando lo que podría llevar allí dentro. Ella pensó que parecía tener mucha prisa de que marchase.....Comunicación, eso es lo que siempre les había faltado. Nunca tuvieron necesidad de expresar con palabras lo que sentían, nunca necesitaron decir al otro nada, porque nada había que decir que no supieran tan solo con mirarse a los ojos.... Ahora estaban allí, en aquel...

EL PENÚLTIMO AÑO DE LA "VICTORIA".

- Buenos días, niños. - ¡Buenos días, don Nemesio!. Estaban en cuarto curso de la E.G.B., corría el año 1974. Aún presidía la entrada del centro un gran escudo de cemento de aquella "España, Grande y Libre". Ella nunca tuvo que cantar el "Cara al sol" dirigiendo su mano alzada hacia aquel emblema de la dictadura, aunque sí presenció el cántico en algunas ocasiones, deteniendo sus pasos durante un instante antes de reanudar su camino.....¡Qué tontería, cantar mirando a una pared!. Entraban en clase y lo primero era rezar; Un Padrenuestro seguido de un Ave María era recitado a coro por los más de treinta niños que había en el aula. Con ella estaban los mismos compañeros que desde primero compartían pupitres: Juana Mª, José Antonio, Bárbara, Mari Toni, Paqui, Juan José, Blas....... A don Nemesio le gustaba cómo dibujaba la niña, y cualquier oportunidad era aprovechada para sacarla a la pizarra y que, con tiza en mano, pintase algo relacionado con el tema...

AQUELLA NOCHE DE FEBRERO.

Lloraron al mundo, a la noche, a esa oscuridad cerrada cubierta de lluvia. Lloraron. Recuerdos volvían a sus memorias con cada relámpago en el negro cielo. Rieron, sí, rieron también, añorando aquellos tiempos de travesuras, comentando diablurías, como ella les llamaba. Callaron, también callaron, cuando el trueno retumbaba en aquella triste estancia. Mala noche aquella.  Estaban todos, otra vez todos juntos, como antaño, como en aquellas comidas de domingo, como en aquellas Nochebuenas, juntos, aunque sin aquella alegría de entonces. Llovía, diluviaba casi, y los relámpagos auguraban truenos.  Allí dentro, en aquella sala grande, fría, impersonal, ajena, todos estaban unidos por el dolor, aquel dolor que les oprimía el pecho, aquel dolor solo soportable con los buenos recuerdos. -Un día, ¿recuerdas, Diego?, nos mandó mama a por un pollo vivo para comer, no sé si era por Navidad....Fuimos a por él y nos lo trajimos andando, atado con una cuerda, hasta que en la plaz...

UN AÑO.

Una, dos, tres, cuatro....... Sentada en aquel banco de piedra, con la chaqueta sobre los hombros, miraba caer las hojas junto a ella. El parque estaba desierto si no mirabas más allá de aquellos setos, algo que a ella no importaba. Con sus gafas de lejos apenas podía, ni quería, ver más allá. Para mirar dentro de sí no necesitaba cristales. Hacía un año. Trescientos sesenta y cinco días con sus noches, sus horas, sus minutos y sus segundos. Un año. Observado desde fuera no era nada, un suspiro que arrancaba hojas al calendario, hojas que iban cayendo como esas otras que ahora observaba. Se fue rápido. No hubo despedidas. Un suspiro a medianoche, al acostarse, un suspiro que ella no supo interpretar y que achacó al cansancio de la vejez, fue lo último que salió de sus labios. Y se apagó. Un año, todo un largo y triste año. - ¿Porqué me has hecho esto?.... - Me tocó el turno, mi vida. - No digas tonterías, te deberías haber resistido. - No se puede pelear con la muert...

UNA TARDE EN LA "CALLEJA".

¿Pan con chocolate, o con aceite y azúcar?..... La niña de la casa chica había terminado sus deberes de la escuela. Tocaba jugar en la calle. No había alquitrán. En su lugar, el terreno era de "barro colorao", algo que los niños agradecerían si jugaban a la "pinchota". A ella también le gustaba apuntar con el hierro afilado y clavar en aquel suelo blandito, casi rojo, formado a consecuencia de la lluvia de días anteriores y de aquella tierra tan buena para la diversión.     Si ahora viésemos a nuestros hijos con aquel hierro grueso, pesado, con la punta perfectamente  afilada para que clavase bien, nos echaríamos las manos a la cabeza, Los tiempos han cambiado, los niños de mi generación jugábamos con piedras, palos, latas viejas, hierros afilados, "tiradores" (tirachinas), y no ocurrían grandes desgracias. Si alguien se hacía un "bollo" (chichón), pues nada, moneda al canto y una cinta o pañuelo estilo Rambo para sujetarla..... Que no...

PRIMERAS GOTAS DE OTOÑO.

Sentada en el sofá, con el café largo entre las manos, la televisión puesta en no importa qué cadena, miraba por la ventana la lluvia que acababa de llegar. Era otoño, estación recién estrenada a la que ella no tenía en buena estima. Ya se notaban los días un poco más cortos, un poquito más frescos -aunque no mucho, en Extremadura el verano se resiste a marchar- y el corazón se volvía nostálgico como el clima, cansino como las hojas amarillas que empezaban a caer..... Era tiempo de añoranzas, o no era el tiempo, sino la lluviosa tarde, que acompañaba al recuerdo de otros días pasados. Allí estaba, al fin y al cabo, abstraída de otra cosa que no fuese el lento descenso de las gotas de agua por los cristales. Había llovido mucho, muchos otoños habían pasado por su mirada, como también veranos con sus calimas, primaveras con sus olores e inviernos con sus aterradores fríos. La niña de la casa chica había vivido ya muchas estaciones, muchos años y aún no podía aba...

PEDRO JUSTO.

Partió de madrugada, al abrigo de la noche, con algo de comida en un atillo y mucho miedo en el corazón. Atrás dejaba a su familia, su mujer, María, y sus hijos Carmen, Josefa, Juana, Isabel, Pedro y Antonio. Sus hijos, a los que quizás no volvería a ver, su esposa, a la que con total seguridad nunca más volvería a abrazar. Marchó a buen paso, intentando huir de un delator, de un seguro paseíllo al cementerio, de un chivatazo de un mal nacido que le había arruinado la vida. El nunca fue activista, su voz nunca se alzó contra nadie, su espalda nunca se irguió sino para descansar del duro trabajo. Aun así, alguien le odiaba. Aun así, algún mal hombre decidió que no merecía vivir y lo señaló como rojo. Ahora huía, intentaba escapar de la locura en la que se había convertido su pueblo. Muchos habían caído, a algunos los habían encarcelado, a otros fusilado, a muchas rapado y paseado por la plaza para escarmiento de las demás. A él le avisaron, e intentó alejarse todo lo posi...