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CAPERUCITA CONTRA LOS LOBOS

Tenía sólo doce años cuando sintió miedo de verdad. Solamente doce años y llegó a sentirse culpable de lo sucedido. Una tontería, dirían algunos. Al final "no pasó nada" dirían otros. Para ella, la niña, no fue una tontería, y sí que pasó, claro que pasó "algo". La vergüenza siguió al miedo. Esa vergüenza que la obligó a callar a sus padres lo ocurrido por temor a que le riñesen. ¿Porqué? Pues no sabía la razón, pero temía que enfadase tanto lo ocurrido como para que la castigaran. Ocurrió una noche, llegando a su casa, acompañada por tres amigas. Entonces, en esa época, las niñas iban tranquilas por el pueblo. No había miedo, todo era como muy familiar, todos nos conocíamos. No era tampoco tarde, sólo que había oscurecido al ser invierno. Llegando entre risas a aquella Plazuela, a pocos metros ya de su casa, una pandilla de energúmenos las vieron llegar y empezaron a decirles palabras soeces. A ella, la niña de la casa chica, la acorralaron haciendo un cír...

UN OCÉANO. UNA VIDA.

Navegaba en su barquito de papel por aquel océano  que siempre fue su vida. El horizonte se le hacía lejano, intangible, misterioso. Bajo la quilla de su barco blanco presentía monstruos fabulosos con grandes fauces dispuestos a darse un festín con su insignificante y minúsculo cuerpo. Sentía también, a ratos, el roce de delfines que bailaban las olas a su alrededor, haciendo que en ocasiones su travesía resultase  más llevadera. Pero el miedo podía más que su osadía. Siempre fue fachada. Sacaba pecho a la vida aunque por dentro temblase hasta el último átomo de su persona. No sabía muy bien cómo había acabado viajando sola y en ese maltrecho barco que se iba humedeciendo bajo su cuerpo a cada ola surcada. Antes formó parte de una gran Armada, no invencible, pero sí muy sólida. Pasando las millas tuvo que dejar la protección de aquellos barcos. La abandonaron a su suerte en aquel barquito que ella misma se construyó con un poco de papel. Sólo tenía una vela,...

ÚLTIMO VUELO

Como vida de mariposa, ella esperaba que el sol se ocultara tras el ocaso. No había estado tan mal aquel vuelo por su existencia. Más de una vez el viento la había llevado a parajes donde jamás hubiese ido estando la brisa en calma. Otras muchas se había dejado mecer, llevar, descubriendo en esos placenteros días todo lo bello que la rodeaba. Hoy sentía sus alas heridas de muerte. Sus horas de vuelo habían llegado a su fin. Pero no estaba triste. En el transcurso de sus años había compartido el aire con algunas moscas, unos moscones, trabajadoras y organizadas abejas y varias avispas traicioneras. Aun así, siempre tuvo su sitio bajo el sol. Siempre hubo flores para ella. Siempre supo sortear los obstáculos que algunos le ponían en su espacio aéreo. Ahora no podía volar. En cambio, desde aquel asiento junto a la ventana, pudo contemplar aquellas flores que tanto cuidó y que ahora le agradecían sus mimos obsequiándola con  unos increíbles colores. La vida se ve de ot...

AQUELLAS TARDES, ESTOS DÍAS.

Pasaba junto a aquella casa con la emoción contenida. Hacía ya muchos años que no era suya. Aún podía cerrar los ojos y recordarla tal y como fue entonces, antes de tirarla y rehacerla por completo desde sus cimientos. Su casa. La casa de su familia. La casa chica de la calleja. Los recuerdos se amontonaban en su mente mientras pasaba por esa acera, la misma que tantos juegos soportó, que tantos niños alojó, sentados, tumbados, haciendo el pino apoyados en las fachadas. El olor a comida que salía de alguna casa la transportó a los olores de su infancia, a los que salían de la cocina de carbón de su madre. Era época de patatas y su padre iba a coger unas pocas tras la cosecha, de rebusco, para sus hijos. Aquel saco que portaba en su bicicleta pronto se vaciaría, convertido por obra de la madre en unas deliciosas patatas a gallo o encascabeladas. Los peroles, colocados en esas hornillas, rojas por el fuego avivado con fuerza de muñeca y un soplillo, bullían contentos c...

LA NIÑA SE HA HECHO MAYOR

"La niña de la casa chica", así la habían llamado siempre las vecinas de su calle. Así le gustaba a ella recordarse ahora, con el transcurrir de los años. La casa chica, aquella pequeña vivienda de poco más de 48 metros cuadrados donde pasó su infancia, su adolescencia, su juventud. Aquella fue la primera que vio cuando abrió sus ojos a la vida aquel veintiuno de octubre. Esa fue la casa testigo de tantos juegos con sus cinco hermanos. Aquella, la morada donde vivió tantos ratos buenos y muchos malos. La casa encalada con puerta marrón, la más pequeña de la calle, la más aprovechada, la más concurrida siempre, la que era centro de reunión de todos los niños de su calle. En su adolescencia se avergonzó de ella cuando empezó a salir con aquel muchacho . Él tenía una casa grande con cochera, habitaciones en el piso de arriba, mucho espacio y muebles bonitos. Ella, la niña de la casa chica, no tuvo nunca una habitación para ella sola. Su dormitorio improvisado era el salón, ...

LAS PRINCESAS VAN AL BAÑO

Las princesas también van al baño. No soy menos que ellas. Cuando tengo miedo al ridículo, cuando me entra el pánico escénico ante alguien que creo es más importante que yo, siempre pienso lo mismo. En todas las películas dicen que si te da vergüenza hablar en público te los imagines desnudos. Creo que ésto no sirve mas que para ponerse más nervioso. Mi táctica, creo, es bastante más efectiva. Imaginaos a toda una princesa, una reina incluso, un ministro, un presidente o presidenta, o ministra, o príncipe, sentados en su trono blanco..... Todos, absolutamente todos, independientemente de su regularidad digestiva, pasan en algún momento del día por el mismo asiento. Imagínaos sus caras rojas por el esfuerzo cuando no han tomado suficiente fibra, o sus rostros relajados y satisfechos cuando llegan por fin al ansiado lugar en un momento de apuro, aguantándose a duras penas las ganas hasta sentarse por fin y dejarse llevar por la llamada de la naturaleza. Todos, al igual que en ...

EFÍMERAS TELAS DE ARAÑA

Se estaba empezando a hartar de tanta hipocresía. Añoraba partes de su pasado y sentía impotencia al darse cuenta que jamás regresarían. En su vida, en esa etapa tan negra y dolorosa en que muchos le dieron la espalda, aparecieron personas que ahora mismo no sabría ni cómo clasificar. En aquel entonces los llamó amigos, aun consciente de que esa palabra les quedaba grande. Era lo que tenía, no podía aspirar a más. Es curioso todo lo que se rompe cuando tomas una decisión en tu vida personal. Todo se conecta, y por tanto, todo acaba igual de roto que su centro. Una tela de araña invisible une todos los momentos de la vida, relacionándolos entre sí, a tal punto que si una pequeña hebra se suelta, todo queda destruído. Eso fue lo que le ocurrió. Por eso ella tejió otra tela. En esa urdimbre empezaron a cohabitar seres extraños,personas que haciéndose pasar por amigos le robaron su energía vital. Acomodó sus oídos a los problemas de aquellos "especímenes", los con...